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La acción de escribir un artículo dedicado a analizar la actualidad política supone el deseo de establecer una cierta lógica en la realidad, reducir algunas variables a una línea común: hacer comprensible lo que (nos) sucede. Vano intento, a veces. La dispersión es de tal magnitud que esa es la única razonable actualidad a constatar. Y ese es uno de los principales problemas de la democracia: se vuelve ilegible, esencialmente desordenada, prisionera de deseos y presunciones fácilmente convertibles en odios y nostalgias. Así esta semana, en la que parece que hasta el fútbol se vuelve borroso: la alternativa de defender un VAR para la política también se revela ficción dudosa. Nos queda estar en la luna: de ahí el apasionamiento por el viaje sideral y sus circunstancias. Pero aquí abajo la cosa está más que confusa.
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