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La política española ha encarado una semana que muestra a las claras dos formas de degradación del poder. Pero conviene no caer en equidistancias cómodas, no todos los casos son iguales ni tienen la misma gravedad institucional. La coincidencia del juicio del caso Kitchen y el de la trama de las mascarillas sitúan al PP y al PSOE bajo presión simultánea, pero lo hace en planos distintos. El caso de las mascarillas responde a un patrón reconocible de comisiones, contratos inflados y redes de influencia en un contexto de emergencia grave como el de la pandemia, con un alto coste político si se confirman los hechos. Pero el caso Kitchen no trata solo de corrupción, sino del presunto uso del aparato del Estado para interferir en una investigación judicial y proteger intereses partidistas.
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