ABC
Hay tardes en Sevilla que se explican solas. Y otras, como la de hoy, que hay que mirarlas con justicia. Porque lo que ocurrió en la Maestranza no fue solo una corrida pasada por agua: fue una tarde en la que el cielo decidió intervenir. Y lo hizo a partir del cuarto toro, cuando la lluvia, primero tímida, terminó siendo un aguacero torrencial que lo descompuso todo. Hasta una oreja. Pepe Moral ya había dejado su tarjeta en el primero. Se fue a portagayola, gesto de compromiso. Pero aquel toro de Alcurrucén no tuvo clase, ni recorrido, ni alma. Y ahí apareció el Moral más crudo: el del arrimón seco, el de meterse donde no había nada que rascar. Y,... Ver Más
Go to News Site