COPE
Coca-Cola es una de esas marcas globales que forman parte del día a día, pero cuyo impacto real en el territorio a menudo se desconoce. En el programa 'Seguir Sumando', con Carles Villeta y Santi Pacheco, el jefe de comunicación de la compañía en la Comunidad Valenciana, Fernando Álvarez, ha desgranado las cifras que demuestran el profundo arraigo de la empresa en la región, donde opera desde hace más de 70 años generando industria, empleo y un fuerte compromiso social. El vínculo de la compañía con la Comunidad Valenciana va mucho más allá de la bebida. Según ha explicado Fernando Álvarez, Coca-Cola realiza auditorías externas periódicas para medir su huella. “A día de hoy, pues te puedo decir que nosotros estamos muy orgullosos, porque prácticamente movemos casi 700 millones de euros de valor añadido en la comunidad valenciana, casi el 0,6 por 100 del PIB”, ha afirmado. Este impacto, ha añadido, “es una muestra del compromiso de la marca con la Terreta”. La firma destaca por ser “una compañía muy intensa en generación de negocio”. Una de las claves de este impacto local es su política de proveedores. De cada euro que un consumidor gasta en sus productos en la región, “76 céntimos se quedan aquí”, ha detallado Álvarez. Esto se debe a que un porcentaje muy elevado de sus proveedores son locales. “A pesar de ser una multinacional muy grande, realmente somos una empresa muy local”, ha subrayado. El impacto de Coca-Cola también es fundamental en el mercado laboral valenciano. La actividad de la compañía, entre puestos directos e indirectos, genera unos 11.000 empleos de calidad en la región. Estos trabajos se distribuyen a lo largo de toda su cadena de valor, desde los proveedores hasta los más de 30.000 clientes que atiende regularmente, llegando “hasta el último pueblo de la provincia de Valencia, Castellón y Alicante”. La historia de la empresa en Valencia comenzó en una pequeña nave en el barrio de El Cabañal, que fue arrasada por la riada de 1957. Este suceso impulsó la construcción de la actual fábrica de Quart de Poblet, inaugurada en 1959. Álvarez ha querido recordar a los pioneros de este negocio, “el equivalente a una startup riesgosa de las que vemos hoy en día”, y ha destacado el papel de emprendedores y familias valencianas como la de Juan Luis Gómez-Trénor, que siguen vinculadas al proyecto. Hoy, la planta de Quart de Poblet no es una fábrica cualquiera. “Ha doblado su capacidad” en los últimos años gracias a una inversión de más de 60 millones de euros desde 2019, compartida con el almacén logístico de Picassent. Actualmente, se sitúa “entre el top 5 de las fábricas más importantes de Europa” y es una pieza clave que convierte a Valencia en un hub estratégico para Coca-Cola en España y el continente. Más allá del negocio, la compañía mantiene un fuerte compromiso social y ambiental. A través de iniciativas como Mares Circulares, ha recogido más de 500 toneladas de residuos en la Comunidad Valenciana. Con los programas Gira Mujeres y Gira Jóvenes ha formado a más de 1.400 mujeres en emprendimiento, y con Hostelería por el Clima asesora a más de 14.000 hosteleros en gestión sostenible. Finalmente, Álvarez ha compartido una de las claves del éxito de la marca: la superación de los inicios. Al llegar a España, el sabor de Coca-Cola “no era nada apreciado” y costó mucho introducirlo. Ha relatado cómo los primeros vendedores “salían a vender en el camión y volvían con más cajas”. Fue la combinación de un marketing innovador y, sobre todo, “el compromiso que había en esas primeras generaciones” lo que consolidó a la marca como un referente. Ese legado se combina hoy con la adaptación a las nuevas demandas del consumidor. Un ejemplo es el crecimiento del segmento cero calorías, que ya representa el 64% de las ventas de la compañía en la región, demostrando un equilibrio entre la tradición de sus marcas clásicas y la innovación constante.
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