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El desconocido viaje de los huesos: así evitan los arqueólogos que la historia se convierta en polvo | Collector
El desconocido viaje de los huesos: así evitan los arqueólogos que la historia se convierta en polvo
Cope Zaragoza

El desconocido viaje de los huesos: así evitan los arqueólogos que la historia se convierta en polvo

El trabajo de un arqueólogo va mucho más allá de la excavación. Una vez que los restos salen a la luz, comienza un viaje crucial y poco conocido para garantizar su supervivencia. El arqueólogo José Melchor ha explicado en COPE cuáles son los pasos intermedios entre el hallazgo y la exposición en un museo, un proceso donde la ciencia es clave para que el pasado no se desvanezca. Melchor ha destacado que los restos arqueológicos pueden permanecer estables durante miles de años bajo tierra, en un entorno controlado con humedad constante y sin luz. Sin embargo, al sacarlos, "notan esos cambios" y el proceso de descomposición se reactiva. Por ello, como advierte el experto, "la arqueología involuntariamente es destructiva, si no protegemos lo que encontramos acaba desapareciendo". Aquí entran en juego los especialistas en restauración y conservación, una disciplina científica que trabaja en paralelo a la arqueología. En sus laboratorios, utilizan productos químicos y fabrican sus propios adhesivos para no dañar los materiales. Su misión es aplicar una capa protectora que aísle el hueso de la intemperie y de los hongos, ya que sigue siendo materia orgánica. El arqueólogo también ha querido diferenciar su trabajo del de los paleontólogos, quienes estudian fósiles de dinosaurios. Aclara que los arqueólogos trabajan con "hueso hueso", es decir, materia orgánica real y extremadamente delicada. De todos los restos humanos, los dientes son los que mejor se conservan gracias a su esmalte protector, una fuente de información muy valiosa para los investigadores. El estado de los restos multiplica el desafío. Los huesos incinerados son todavía más frágiles, ya que los hornos de la antigüedad no desintegraban el hueso por completo. A diferencia de los fósiles, que como señala Melchor, "los huesos de dinosaurio no son huesos, son que se han fosilizado y se han transformado en piedra", el hueso orgánico requiere un tratamiento especial incluso en el propio yacimiento para poder extraerlo en una sola pieza. Para Melchor, sería "intolerable" que unos restos importantes acabaran hechos polvo a los pocos años. Por eso, el trabajo de conservación a largo plazo continúa en los museos. Allí se debe recrear la estabilidad que tenían bajo tierra, con un estricto control de la temperatura y la humedad, un mantenimiento constante para asegurar que la historia perdure.

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