Cope Zaragoza
La relación entre las personas y los perros varía enormemente entre culturas. Para explorar estas diferencias, el adiestrador y experto en conducta canina Adrián Navarro, fundador de Lopecan, ha viajado recientemente a Colombia. Su objetivo ha sido sumergirse en la forma en que la sociedad colombiana convive, cuida y educa a sus animales domésticos, una realidad que presenta notables contrastes con la española y de la que, según afirma, se pueden extraer valiosos aprendizajes. El motivo principal de su viaje ha sido profesional. Como experto en gestión de manadas, Navarro fue invitado por la Escuela Canina Colombiana, la escuela de referencia en el país, para impartir una formación especializada. En Colombia, los refugios de animales a menudo acumulan un gran número de perros que tienden a formar manadas. La formación buscaba "profesionalizar al sector" y dotar a los adiestradores locales de "más habilidades técnicas a nivel del manejo, la gestión y la rehabilitación de manadas para poder ayudar a los refugios de allí", cuenta en COPE Málaga. Este esfuerzo se enmarca en un cambio cultural que, desde hace unos seis años, intenta regular la situación de los perros callejeros con el apoyo de fondos estatales. Durante su estancia, centrada principalmente en Bogotá e Ibagué, lo que más ha impactado a Navarro ha sido el "choque cultural". Ha observado una curiosa dualidad: por un lado, el país cuenta con una gran cantidad de perros callejeros, pero, por otro, las políticas de bienestar animal están muy desarrolladas. "Te puedes subir con tu perro en cualquier autobús, te puedes subir en los servicios públicos, te dejan entrar con el perro en casi cualquier establecimiento", explica. En este aspecto de la integración del perro en la vida cotidiana, considera que Colombia "va incluso más desarrollada que aquí en España". Una de las diferencias más significativas que ha encontrado el experto es la regulación de los perros potencialmente peligrosos (PPP). A diferencia de España, donde la ley se basa en la raza, en Colombia el enfoque es más práctico y, en su opinión, efectivo. "La ley PPP como tal no existe", señala Navarro. En su lugar, la normativa estipula que "un perro que ha mordido, pues tiene que llevar bozal sea de la raza que sea, y un perro que no ha mordido no tiene por qué llevar bozal". Este sistema, basado en el comportamiento individual del animal, le parece mucho más justo. De hecho, le llamó la atención no haber visto "ni un solo pitbull agresivo", a pesar de haber encontrado ejemplares de esta raza viviendo en la calle. Para Navarro, este es uno de los grandes aprendizajes que se trae de vuelta a España. Considera que el modelo español estigmatiza a muchos perros por su raza, mientras que otros con mal comportamiento carecen de la regulación necesaria. "Hay muchos perros buenos que viven estigmatizados y hay muchos perros malos que viven con muchas libertades que no tendrían que tener", sentencia. Su experiencia en Colombia refuerza su convicción de que es necesario avanzar hacia un sistema similar en España. En cuanto al adiestramiento canino, Navarro lo describe como un "caos perfectamente organizado". Aunque los profesionales colombianos quizás no tengan acceso a la misma cantidad de formaciones que en España, su nivel de experiencia le ha sorprendido gratamente. Los educadores que asistieron a su curso mostraron un nivel "muy por encima" de lo que esperaba, demostrando que "la experiencia es un grado". Los problemas de conducta que afrontan son universales: perros que tiran de la correa, que no socializan bien o que no acuden a la llamada. Contrario a lo que pensaba, que se encontraría un uso generalizado de herramientas coercitivas, ha descubierto un enfoque mucho más respetuoso. "Sorprendentemente, pues había muy muy poca gente que use herramientas malas para educar perros, que era lo que yo pensaba que me iba a encontrar, mucho collar eléctrico, mucho collar de púas", detalla. En su lugar, ha visto un compromiso con la educación positiva. Una curiosidad que ha destacado es el modelo de negocio de la Escuela Canina Colombiana. Sus sedes están ubicadas en centros comerciales, algo inédito en España. Según le explicó el CEO de la empresa, el motivo principal es la seguridad: los centros comerciales son espacios donde los clientes se sienten más seguros que en las calles, lo que facilita la formación con los perros en un entorno controlado y tranquilo. La convivencia pacífica de los perros callejeros es otro de los aspectos que más ha fascinado al experto. A diferencia de lo que podría esperarse, "no ves peleas por la calle". Los perros ferales están tan adaptados a su entorno que "no buscan conflictos, son superresolutivos". Navarro describe cómo estos animales se adhieren a un establecimiento o tienda que les proporciona comida y conviven "con toda la armonía y con todo el equilibrio", incluso en zonas con presencia de gatos, una estampa "más complicada de ver" en España. Finalmente, la lección que Adrián Navarro se trae a España es la necesidad de seguir avanzando en bienestar animal y en la integración real de los perros en la sociedad. La normalización de la convivencia, forzada en Colombia por la alta presencia de perros en las calles, ha derivado en políticas que, a su juicio, "facilitaría la vida de muchos perros y de muchas personas". Su experiencia ha sido tan positiva que ya tiene programado su regreso para el próximo año, esta vez a la zona de Cali, para impartir una formación sobre perros auxiliares.
Go to News Site