COPE
El arquitecto y divulgador Pedro Torrijos ha explicado en un vídeo de su cuenta de Instagram la razón por la que todas las cocinas de Occidente son prácticamente iguales. Lejos de ser una crítica, Torrijos lo considera una ventaja que ha permitido abaratar los costes y mejorar la eficiencia en el espacio doméstico por excelencia. La clave, según él, se encuentra en un influyente manual de arquitectura que estandarizó las medidas y la disposición de los elementos. Torrijos señala como punto de inflexión la publicación del "Neufert", un manual de arquitectura que establece las medidas ergonómicas para los objetos y espacios. "No te dice cuánto tiene que medir una cocina, lo que te dice es cuánto tiene que medir una balda, una encimera", aclara el arquitecto. Esta guía, que en su origen no pretendía dictar el diseño completo, acabó por crear un estándar de facto que ha definido la configuración de las cocinas modernas y ha sentado las bases de cómo deben ser, un debate siempre abierto como el de las cocinas americanas. El principal beneficio de esta homogeneidad es una mejora sustancial en la funcionalidad. "Esa estandarización permite primero que se cocine mejor", afirma Torrijos. Aspectos como las distancias entre electrodomésticos, los alcances para coger utensilios o la organización de los alimentos frescos y los enseres están pensados para optimizar el trabajo y hacerlo más cómodo y rápido. Pero la consecuencia más notable de este modelo es económica. La producción en serie de módulos y electrodomésticos con medidas fijas ha reducido drásticamente los precios. Como resume el divulgador de forma contundente, "una estandarización hace que siempre sea más barata". Sin embargo, esta revolución en el diseño no está exenta de una lectura social con dos caras. Torrijos la describe como una dinámica "por un lado muy machista y a la vez feminista involuntario porque mejora la vida de las mujeres". El componente machista se observa en las primeras ediciones del 'Neufert', donde "los dibujitos de en sección de una persona en una cocina es una tía siempre", perpetuando el rol de la mujer como única responsable del espacio. A pesar de ello, al mejorar la ergonomía y la eficiencia, la estandarización también supuso una mejora objetiva en las condiciones de un trabajo tradicionalmente asignado a las mujeres. Esta uniformidad, concluye Torrijos, se ha impuesto "en todos los lados" y ha democratizado el acceso a cocinas funcionales y asequibles, aunque a veces estas puedan esconder sorpresas inesperadas.
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