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En el fondo arenoso del Mediterráneo, casi invisible para el ojo humano, se desliza una de las criaturas más singulares —y más amenazadas— de Europa. La mantelina, también conocida como raya mariposa (Gymnura altavela), lleva décadas desapareciendo silenciosamente de las aguas que antes habitaba con relativa abundancia. Hoy, su futuro pende de un hilo. Catalogada como en peligro crítico en Europa por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), su situación refleja una crisis más amplia: la degradación progresiva de los ecosistemas marinos del Mediterráneo. En este contexto, la Fundación Oceanogràfic ha puesto en marcha un proyecto pionero para proteger a esta especie, gracias a la financiación de la Fundación Biodiversidad, del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), y con el respaldo de fondos europeos FEDER. Más que una intervención puntual, se trata de una estrategia integral que combina rescate, investigación científica y participación social. La mantelina no es una especie cualquiera. Su cuerpo plano y ancho, que recuerda al aleteo de una mariposa, le permite camuflarse en el fondo marino mientras busca alimento. Como depredador bentónico, desempeña un papel clave en el equilibrio de los ecosistemas, regulando poblaciones de pequeños peces e invertebrados. Sin embargo, este delicado equilibrio se ha visto alterado por la acción humana. La sobrepesca, especialmente a través de artes de arrastre, ha provocado capturas accidentales masivas. A ello se suma la degradación del hábitat marino y la falta histórica de datos científicos, que ha dificultado la adopción de medidas eficaces. Diversos estudios alertan de que las poblaciones de tiburones y rayas en el Mediterráneo han sufrido descensos drásticos en las últimas décadas, en algunos casos superiores al 90%. La mantelina es uno de los ejemplos más extremos de esta tendencia. Su rareza actual no solo es un síntoma de su vulnerabilidad, sino también de lo poco que se ha investigado sobre ella. El nuevo proyecto liderado por la Fundación Oceanogràfic rompe con enfoques tradicionales al abordar todo el ciclo de conservación. Desde el momento en que un ejemplar es detectado hasta su posible regreso al mar, cada fase ha sido diseñada para maximizar sus probabilidades de supervivencia. Uno de los pilares del programa es el refuerzo de la Red de Varamientos de la Comunidad Valenciana, un sistema que permite actuar rápidamente cuando un animal aparece herido o en peligro. La colaboración con pescadores —tanto profesionales como deportivos— resulta fundamental en esta etapa, ya que son quienes tienen mayor contacto directo con el medio marino. Gracias a esta cooperación, es posible localizar ejemplares y activar protocolos de rescate con mayor eficacia. Una vez rescatadas, las mantelinas son trasladadas al Área de Recuperación y Conservación de Animales (ARCA) del Mar, donde reciben atención especializada. Este proceso no es sencillo: los elasmobranquios, grupo al que pertenecen las rayas, presentan características fisiológicas que requieren cuidados muy específicos. Sin embargo, los avances en medicina veterinaria marina han permitido mejorar notablemente las tasas de recuperación en los últimos años. Cuando las condiciones lo permiten, los ejemplares son reintroducidos en su hábitat natural, cerrando así el ciclo de intervención. Pero el proyecto va más allá del rescate. Uno de sus aspectos más innovadores es la aplicación de nuevas tecnologías para el estudio de la especie. Así, mediante técnicas de marcaje acústico y satelital, los investigadores podrán seguir los movimientos de las mantelinas en mar abierto, obteniendo información clave sobre sus rutas, comportamientos y hábitats preferidos. Este tipo de datos es esencial para diseñar políticas de conservación efectivas. Sin conocer dónde viven, cómo se desplazan o qué amenazas enfrentan, cualquier intento de protección resulta incompleto. Además, el proyecto incluye herramientas avanzadas para evaluar el estado de salud de los animales, lo que permitirá detectar factores de estrés, enfermedades o impactos ambientales. En conjunto, estos avances científicos contribuirán a llenar un vacío de conocimiento que ha lastrado durante años la protección de la especie. No obstante, uno de los elementos más interesantes de la iniciativa es su apuesta por la participación ciudadana. La Fundación Oceanogràfic habilitará un sistema para que cualquier persona pueda comunicar avistamientos de mantelinas. Esta estrategia de ciencia ciudadana amplía enormemente la capacidad de recopilación de datos, al tiempo que fomenta la sensibilización social. En un contexto en el que muchas especies marinas pasan desapercibidas para el gran público, dar visibilidad a la mantelina es fundamental. La conservación no depende únicamente de científicos o instituciones; también requiere del compromiso de la sociedad. Pescadores, buceadores, navegantes e incluso turistas pueden convertirse en aliados clave en esta misión. El proyecto se enmarca dentro de una estrategia más amplia impulsada por la Fundación Biodiversidad, cuyo objetivo es reforzar la protección de la biodiversidad marina en España. Esta línea de actuación busca no solo salvar especies amenazadas, sino también restaurar hábitats y fortalecer la red de espacios marinos protegidos. En este sentido, la mantelina se convierte en un símbolo ya que su situación refleja los desafíos a los que se enfrenta el Mediterráneo, uno de los mares más biodiversos del planeta, pero también uno de los más presionados por la actividad humana.
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