ABC
La reapertura del Café Gijón ha provocado una tormenta moral con veredicto popular en redes: «Han matado el espíritu». Puede ser. Pero hay una verdad más incómoda. La liturgia de la tertulia no encajaba ya con el precio del suelo en el paseo de Recoletos, y no hay épica posible contra el alquiler y los impuestos. Así que, o se bajaba la persiana o se transformaba en algo más rentable. Un bar de copas. O una franquicia. Afortunadamente, el empresario ha decidido pagar el precio de mantener el nombre y una cierta genuina escenografía. Algo, en mi opinión, a valorar y agradecer. Pienso que lo interesante no es el «caso Gijón», sino nuestra relación con el dinero. Llevamos décadas asumiendo... Ver Más
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