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Hay países donde el ciudadano común puede pasear por los cotos de caza cuando quiera. Al contrario que en España, donde estos espacios suelen permanecer cerrados al público por precaución, el modelo utilizado en el norte de Europa basa la seguridad de la actividad cinegética en dar información al ciudadano y confiar en su sentido común. Y, casualmente, en los territorios que utilizan este modelo la aceptación de la caza es mayor. Por eso el laboratorio de ideas Oikos propone ahora crear un proyecto piloto que adapte el modelo a España y ayude así a acercar campo y ciudad. El informe 'La caza como motor económico y ecológico', que se presentará este martes en el Parlamento Europeo con la presencia de la eurodiputada popular Isabel Benjumea, analiza todos los modelos de caza de Europa. Concluye que la aceptación de la actividad cinegética es mayor cuando se comunica como una gestión necesaria para el control de poblaciones de especies (como el jabalí, el corzo o el conejo), la regeneración de ecosistemas, así como desde su contribución al valor social y económico del país. Es un enfoque que evita su visualización como una actividad lúdica cerrada y exclusiva. «Esto ha permitido a los países nórdicos desprenderse de la asociación de la caza con un deporte elitista e inaccesible», resume el estudio. «En mi experiencia como cazador e investigador, sé que a ningún propietario del norte de Europa le agrada que un senderista pueda estropear un rececho, pero sí reconocen que ha mejorado la percepción social de la caza en sus países», cuenta Luis Quiroga, uno de los autores del informe y cofundador del think tank. Han constatado que todos los modelos de gestión cinegética en los países europeos, aunque muy dispares entre sí, se enfrentan a varios obstáculos, la mayoría de los cuales emergen en mayor o menor medida del desacoplamiento cada vez mayor entre la realidad rural y el mundo urbano. El modelo de los países mediterráneos, por ejemplo, debe bregar con la fragmentación y heterogeneidad territorial y regulatoria, que en muchos casos genera mayor conflictividad social. Por contra, el modelo nórdico sería el más monolítico, pero también el que mejor integra caza, ciencia y gobernanza y captura el valor social y cultural de la actividad cinegética. Para intentar frenar ese distanciamiento de lo rural y mostrar las aportaciones de la caza a la ciudadanía, Oikos propone abrir cotos de caza privados también en España, pero con matices. Primero habría que modificar régimen de responsabilidad para que el que dueño del coto no asuma el riesgo que quieran asumir los senderistas. De hecho, en los países del norte de Europa el propietario no es responsable de los riesgos naturales, solo de los riesgos artificiales no señalizados. Y, además, el derecho de acceso no es absoluto y la mala conducta puede conllevar expulsión por allanamiento agravado, de tal manera que la ley protege la «actividad económica legítima», esto es, la caza, frente al sabotaje. «Es vital proteger a los cazadores frente a quienes abusan de este derecho», dice Quiroga. Para que los senderistas puedan contar con la información adecuada, además se las señalizaciones in situ, países como Escocia también ponen a disposición del ciudadano páginas web y plataformas digitales para que sepan dónde hay caza ese día y evitar esas zonas para reducir el riesgo. Sin embargo, no todo modelo es exportable. «En casos como el de Escocia, el acceso es de alcance general y esto ha causado problemas de saturación en cotos que se han visto inundados por el público, por lo que nosotros defendemos proyectos piloto donde los responsables participen de modo voluntario», cuenta Quiroga. Aunque el riesgo correría por parte del senderista, por parte del propietario sería fundamental ofrecer explicaciones y formación adecuada al ciudadano. «Entendemos que no todo coto puede hacer actualmente por falta de personal o medios», explica el investigador, por lo que es probable que algunos requieran incentivos regulatorios o económicos para asumir estos accesos. Sin embargo, opinión de Quiroga, para lograr éxito bastaría con que algunos cotos representativos geográficamente se sumaran a la iniciativa. «No hace falta un derecho de acceso general», dice. Al final, el objetivo es lograr que se salve la brecha simbólica y de percepciones entre cazadores y sociedad en España, resume el informe de Oikos. «El desconocimiento social de la actividad cinegética, de su regulación y contribuciones sociales, económicas y ambientales, puede mitigarse satisfaciendo la demanda social creciente de acceso a la naturaleza al abordar la percepción de la caza como una actividad cerrada y exclusiva en tierras de propiedad privada, como ya se ha comentado».
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