ABC
El 12 de diciembre de 2001, cuando Michael Olise vino al mundo, nadie sabía si sería futbolista, empresario o chatarrero, pero en el caso de ser lo primero, como así ha sucedido, y de los buenos, su elección nacional no iba a ser sencilla. Pocas veces un futbolista profesional ha tenido la oportunidad de jugar para cuatro países, en una mezcla cultural y racial que, seguramente, ha sido un trampolín para llegar donde ha llegado con tan solo 24 años. Michael Olise nació en White City, un barrio al oeste de Londres cercano a Notting Hill, y pasó su infancia, adolescencia y primeros años de su mayoría de edad en Inglaterra junto a sus padres y su hermano pequeño Richard, que actualmente juega en el Chelsea sub-21. Vincent, su progenitor, es nigeriano y su madre es argelina y francesa. De ahí que en casa, desde bien pequeño, ya se desenvolviera en francés, el idioma en el que habitualmente le hablaba su madre. Un vínculo lingüístico que fue a más, hasta llevarlo al fútbol: «Mi sueño desde que era pequeño fue jugar con la selección de Francia. Siempre he sentido una conexión especial con ellos», explica el introvertido Michael, poco dado a hablar públicamente. Los acercamientos de las federaciones nigerianas e inglesas se quedaron en eso, en acercamientos, y ni siquiera la mediación de Gareth Southgate sirvió para convencer a Michael de jugar para los ‘pross’. Olise lo tenía claro, como también supo que la vida le había dado un talento especial para ser futbolista, aunque en su país de nacimiento tardaran tiempo en verlo. A los siete años, pasó unos meses en la academia del Arsenal y, enseguida, se marchó a la del Chelsea, pero con 14 lo echaron y, tras probar varias semanas en la del Manchester City, también fue descartado. Así que estuvo varios meses sin equipo hasta que encontró acomodo en el Reading, con el que jugó en la Championship entre 2018 y 2021. Entonces, con 19 años, lo fichó el Crystal Palace y logró su primer éxito con Francia ganando la medalla de plata en los Juegos de París. Fue justo en el verano de 2024, cuando el Bayern pagó 50 millones por él, diez menos de los 60 que pagó el Madrid por Mastantuono el pasado año. «Tiene unas cualidades increíbles y aún no habéis visto nada, esto es solo el principio. No es habitual encontrar jugadores así», dijo Thierry Henry, su seleccionador en los Juegos, cuando el Bayern lo convirtió en el quinto fichaje más caro de su historia. «Se ha convertido en uno de nuestros jugadores más importantes y eso no es sencillo en tu primer año en la Bundesliga», dijo Vincent Kompany tras cerrar su primera temporada en Alemania con 20 goles y 23 asistencias , además de jugar los 34 partidos de liga. Ni una sola lesión, uno de sus hándicap en el Crystal Palace: «Michael te destroza en situaciones de uno contra uno. Tiene un talento técnico increíble y marca la diferencia», explica su compañero Luis Díaz. A la espera de ver el desenlace de la temporada y de lo que suceda en el Mundial con Francia, Michael Olise, que no tiene patrocinador de botas porque así lo ha preferido él, es uno de los serios candidatos para ganar el Balón de Oro. En la última edición ocupó el último lugar de los 30 finalistas, pero este año sus 17 goles y 29 asistencias -a solo tres de las 32 de Lionel Messi en la campaña 2011-12, récord histórico- le convierten en uno de los futbolistas con más impacto de una temporada en la que el Bayern ya es campeón virtual de la Bundesliga, está en semifinales de la copa de Alemania y, salvo remontada del Madrid este miércoles en Múnich, también estará entre los cuatro mejores de la Champions.
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