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En plena euforia por la misión Artemis II , conviene hacer el ejercicio de separar la narrativa del rendimiento. La carrera lunar ha regresado, sí, pero lo ha hecho con dos modelos radicalmente distintos. Estados Unidos compite con ambición política y una fuerte carga simbólica; China, con una lógica incremental, casi ingenieril. El contraste no es menor, porque de él dependerá quién controle la infraestructura lunar en las próximas décadas. El programa Artemis representa la ambición estadounidense de recuperar el liderazgo simbólico perdido desde que se canceló el programa del transbordador espacial debido a su elevadísimo costo, básicamente por la poca reutilización de sus elementos. La NASA prevé enviar astronautas de nuevo a la superficie lunar en torno a 2028,... Ver Más
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