Faro de Vigo
Coincidiendo ya con el Día de la República, la Operación Vida contra la extorsión en mercadillos de venta ambulante asestaba en 2016 un duro golpe a la monarquía gitana en Galicia. El hoy autoproclamado rey de los gitanos gallegos (por entonces príncipe), Sinaí Giménez, iba camino de prisión, junto a sus hermanos Saúl y Juan Paulo. También se había detenido al padre, Olegario Giménez, que se encontraba hospitalizado. Esa noche, tras una larga espera de horas, los investigados llegaron a los juzgados de Cangas a primera hora de la mañana y poco antes de las 24.00 horas del 14 de abril se daban a conocer los autos de prisión y los de libertad condicional. Toda la plaza de los juzgados de Cangas fue tomada de forma insólita por la Guardia Civil, que relevaba a sus hombres cada cierto tiempo en sus tareas de vigilancia de los familiares ante el temor de que se produjera una alteración del orden público. Sorprendía, además, que el resultado de una redada en Tomiño estuviese relacionada con Cangas, y no solo eso, que fuera uno de los jueces de Cangas en ese momento, concretamente el del Número 3, David Pérez Laya, quien instruyera la causa. Cangas vivió unos días de gran revuelo, de ilustres abogados que conformaban una pasarela de famosos capaces de competir con la de Cibeles. A lo largo de varios meses y años pasaron por ahí como letrados defensores: Gutiérrez Aranguren (caso Asunta), Gonzalo Boyé (el que fuera abogado de Sito Miñanco), Emilio Barrichelli, Ramón Montenegro, el televisivo Marcos García Montes, Cándido Pumpido (hijo), la esposa del juez Taín, Beatriz Seijo, el despacho de abogados que dirige Adolfo Pego Oliver Toliber, que fue en su momento magistrado del Tribunal Supremo. El último incorporado a esta larga lista es Maroto Granados. Cuando llegan a la causa, todos piden lo mismo: la anulación de todo.
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