Cope Zaragoza
Manuel Viera No deja de tener su punto el contemplar el contenido de una lidia en la que se pone de manifiesto la casta y sus complicaciones. El quinto de Fuente Ymbro fue un toro bravo y exigente, por sus acometidas encastadas, con el que Rafael Serna actuó desde los inicios a portagayola de forma rotunda, convencido de que debía dar lo máximo de su toreo en esta otra tarde crucial para el torero sevillano. Dos verónicas y la media tuvieron el sello de la cadencia, para después hacer gala en todo momento de una tauromaquia sólida y una enorme actitud para doblegar embestidas. Faena muy digna, valiosa por lo conseguido, aunque enredada a veces y desigual en el cómputo total de la lidia. Lo hecho tuvo momentos de interés con la mano derecha por la intensidad de los muletazos y la emoción que transmitía el toro en sus acometidas. Tardó en ver la mejor calidad de la embestida por el pitón izquierdo, por el que consiguió naturales buenos, y también menos buenos. Fue en el epílogo de la faena cuando alcanzó la ligazón en el toreo diestro. Trazos que le llegaron a la gente con facilidad. Aun así resultaron imprescindibles en una faena desigual, aunque a veces de momentos importantes. Entregado con la espada lo finiquitó con contundencia. Esta tarde la oreja se concedió por mayoría. El segundo fue un toro de cambiantes y complejas acometidas. Serna lo intentó todo durante una lidia que le resultó difícil y complicada. También le molestó el viento que azotó durante toda la tarde. Pese a ello, insistió, fue desarmado en varias ocasiones y a punto estuvo de sufrir la cornada. Pinchó de forma reiterativa y fue silenciado. Álvaro Lorenzo le hizo al complicado primero una seria y significativa lidia. El resultado final fue una suma de momentos importantes. Un toreo muy representativo del concepto de este torero, ejecutado de forma talentosa y equilibradas virtudes en el que cupo casi todo, desde el aguante en el trazo del natural a esas exquisiteces de muletazos de mano baja, muy puros, que se fundieron con los obligados pases de pecho. En todo caso, el toreo del diestro toledano irrumpió basado en el valor y la verdad. Unas mondeñinas finales rubricaron una faena de premio malograda al pinchar antes de la estocada. El cuarto, de Murteira Grave lidiado como sobrero, no le dio opción a mostrar su toreo. Sosería absoluta y nula embestida, Tan nula que se le paró y no le pasó por la telas ni una sola vez. Disposición del diestro toledano y poco más. A este también lo pinchó. El tercer toro no le dio una mínima opción de toreo a José Fernando Molina. Un manso buscando las tablas, de bruscas acometidas que puso en apuros al albaceteño al recibirlo a portagayola. La brusquedad de la embestida no ayudaron a subrayar el mínimo clima de toreo. Trazos que fueron enganchados una y otra vez, tanto en los intentos con la diestra como en el toreo al natural, Al final el toro opto por la tablas y allí lo mató de estocada contraria. Molina, con el sexto, un toro muy serio y con las complicaciones de la casta, estuvo desde el inicio muy dispuesto al triunfo, pero le costó acoplarse con las acometidas exigentes del animal. Se echó en falta un mayor ajuste, dejando algo de desencanto en una lidia donde solo hubo intenciones no resueltas. Su enorme actitud no tuvo recompensa. Al tercer intento con la espada lo finiquitó.
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