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Alfredo, último ganadero de su pueblo: "El precio de una vaca ronda los 2.000 euros. Yo me incorporé con 50 que compré a un vecino, la nave cuesta unos 80.000 y el tractor otro tanto igual; no seré rico" | Collector
Alfredo, último ganadero de su pueblo:
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Alfredo, último ganadero de su pueblo: "El precio de una vaca ronda los 2.000 euros. Yo me incorporé con 50 que compré a un vecino, la nave cuesta unos 80.000 y el tractor otro tanto igual; no seré rico"

Alfredo es el último ganadero que queda en Urdués, un pequeño pueblo del Pirineo. En una reciente entrevista concedida a la periodista María Pilar Dancausa para su canal de YouTube, desgrana la realidad de un oficio que es su vida, pero cuya supervivencia pende de un hilo. Arrancar en este sector exige una inversión que supera los 250.000 euros, una cifra que evidencia la dificultad del relevo generacional en el campo español. Para empezar, el desembolso es enorme. "Una vaca, para vida, te está rondando los 2.000 euros", explica Alfredo. Él mismo se incorporó a la actividad comprando cincuenta vacas a un vecino que se jubilaba, lo que supuso una primera inversión de 100.000 euros. Pero eso es solo el principio. "La nave donde están estabuladas en invierno cuesta unos 80.000 euros, y el tractor, otro tanto igual", añade. La suma total asciende a más de un cuarto de millón de euros solo para poder comenzar a trabajar. Este exigente comienzo es una de las barreras que explican por qué Alfredo es el último de una estirpe de ganaderos en su pueblo. "Cuando era niño, aquí había 8 o 9 ganaderos de vacas, más luego los de las ovejas", recuerda. Ahora, queda él solo. La mayoría de los antiguos ganaderos se jubilaron en un corto período de tiempo, y ninguno de sus hijos ha querido seguir con el negocio, una situación que se repite en gran parte del territorio y que aboca al sector a una encrucijada. Alfredo no empezó directamente en la ganadería. Estudió electromecánica de vehículos y trabajó en un taller, pero echaba de menos el campo. "Esto lo tienes que mamar desde pequeño, te tiene que gustar y, sobre todo, es una forma de vida", afirma con convicción. Considera que la sociedad actual busca un tipo de vida diferente. "La gente busca la comodidad y los menos problemas posibles", sentencia, aludiendo a evitar trabajos duros, nocturnos o en fines de semana. Él, en cambio, se siente un privilegiado. Aunque admite que hay días duros en los que "vendería todo y se acabó", asegura que son muchos más los días en los que disfruta de su trabajo y piensa en "seguir adelante". "Si haces lo que te gusta, nunca tendrás que trabajar", reflexiona. En el plano económico no se considera rico y sabe que no lo será, pero sí en calidad de vida: "La forma de vida, el entorno, en eso sí que me considero rico". Para facilitar su dura labor diaria, Alfredo ha incorporado la tecnología. Utiliza drones para localizar al ganado en el monte, collares con GPS y está probando un novedoso sistema de cercado virtual que le permite delimitar las zonas de pasto desde su teléfono móvil. Este sistema avisa a las vacas con sonidos y, si es necesario, con un pequeño impulso eléctrico, sustituyendo a los tradicionales pastores eléctricos. A pesar de la pasión y la tecnología, los problemas estructurales amenazan la viabilidad de explotaciones como la de Alfredo. Él es muy crítico con la clase política: "La mayoría no conocen el mundo rural. Cuanto más arriba vas, menos lo conocen". Sostiene que muchas leyes se hacen desde un despacho, generalizando sin entender las particularidades de cada zona. "No es lo mismo una ganadería aquí en el Pirineo de Huesca que en Extremadura", insiste. Esta percepción es compartida por las principales organizaciones agrarias. Desde Asaja, Juan José Álvarez reclama una menor simplificación burocrática y una política fiscal adecuada para facilitar el relevo. Por su parte, Miguel Padilla, de COAG, califica la negociación de la próxima Política Agraria Común (PAC) como la "gran batalla", criticando la propuesta de recortar fondos y la "competencia desleal" de importaciones de terceros países. A la crisis política y de relevo se suma la del mercado. La economista Pilar García de la Granja ha analizado en COPE el conflicto creciente en el sector lechero. Denuncia que la industria está importando leche más barata de Francia y Portugal, firmando contratos a la baja con los ganaderos españoles con descuentos de hasta 9 céntimos por litro, una práctica que choca con la Ley de la Cadena Alimentaria, que prohíbe vender por debajo de costes de producción. Esta situación genera una paradoja: mientras el precio en origen se presiona a la baja, el precio final al consumidor se ha disparado. Según la OCU, el precio de la leche ha subido un 50% en los últimos dos años. García de la Granja advierte que este panorama, sumado a la burocracia y los impuestos, aboca a un sector "en proceso de liquidación", haciendo "prácticamente inviable" una profesión que, como demuestra Alfredo, es "absolutamente sacrificada".

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