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Sergio Parra desvela el misterio de la biodiversidad: de las moscas en casa a la cuna de los idiomas | Collector
Sergio Parra desvela el misterio de la biodiversidad: de las moscas en casa a la cuna de los idiomas
Cope Zaragoza

Sergio Parra desvela el misterio de la biodiversidad: de las moscas en casa a la cuna de los idiomas

El verano y el calor traen consigo a unos compañeros de piso habituales pero sorprendentes: las moscas. Aunque parezcan todas iguales, la realidad es muy distinta. El divulgador Sergio Parra revela un dato desconcertante: si tenemos diez moscas en casa, es probable que cinco de ellas pertenezcan a especies diferentes. Este hecho es solo una pequeña muestra de la asombrosa biodiversidad que nos rodea, con 160.000 especies distintas de moscas catalogadas en todo el mundo, un universo de variedad que a menudo pasa desapercibido ante nuestros ojos. La anécdota de las moscas, según Parra, "es una pequeña anécdota para que veas hasta qué punto hay una gran cantidad de especies en el mundo". Las diferencias entre ellas pueden ser anatómicas, genéticas o de comportamiento, lo suficiente para clasificarlas por separado. Anualmente, la ciencia descubre entre 17.000 y 18.000 especies nuevas, pero esto es solo la punta del iceberg. El divulgador afirma que "conocemos aproximadamente entre el 14 y el 20 por 100 de las especies de la tierra". La gran mayoría de la vida en nuestro planeta sigue siendo un misterio, especialmente en las profundidades de los océanos, un mundo casi extraterrestre y muy difícil de explorar. Trágicamente, se estima que cientos de especies se extinguen cada año sin que ni siquiera hayamos llegado a clasificarlas, como invitados silenciosos en una fiesta de la que se van sin que nadie note su ausencia. La mayor diversidad se concentra en insectos y hongos, criaturas con una asombrosa capacidad de adaptación que les permite sobrevivir incluso a los agentes químicos más potentes en apenas un par de generaciones. Para observar esta explosión de vida no basta con quedarse en casa. Si se busca el país que ostenta el récord de mayor biodiversidad, todas las miradas apuntan a Brasil. Aunque otros lugares como Costa Rica tienen fama, Brasil se lleva la corona principalmente por albergar la mayor parte de la Amazonia, el lugar más biodiverso del planeta. Esta inmensa selva tropical es el hogar de una de cada diez especies conocidas en la Tierra, sumando millones de formas de vida distintas en una sola región. Parra aprovecha para desmentir un mito común sobre la Amazonia. Aunque popularmente se le conoce como el pulmón del planeta, su principal valor no reside en la producción de oxígeno para el resto del mundo, ya que "todo lo que genera la Amazonia lo vuelve a consumir". Su verdadera importancia, y el motivo por el que su deforestación es una catástrofe, es su rol como reservorio de biodiversidad. Perder la Amazonia significa perder un número incalculable de especies únicas. Dentro de Sudamérica existen enclaves con una concentración de vida que desafía la imaginación. El divulgador destaca el Parque Nacional de Madidi, en Bolivia, como el lugar con el metro cuadrado más biodiverso del mundo. Su secreto reside en su enorme gradiente altitudinal, que va desde los 180 hasta los 6.000 metros de altura. Esto crea innumerables ecosistemas en una especie de "bosque vertical", donde cada pocos pasos se descubren criaturas adaptadas a condiciones muy específicas. En el ámbito de la flora, el récord lo ostenta el Parque Nacional de Yasuní, en Ecuador. La afirmación de Parra es contundente: "solamente en una hectárea de este parque, se han encontrado más especies de árboles que en todo Estados Unidos y Canadá juntos". Estos ejemplos demuestran por qué el continente sudamericano es el punto caliente de la biodiversidad global, gracias a sus condiciones únicas de clima y humedad. Esta concentración de vida en los trópicos tiene una consecuencia inesperada que va más allá de la biología. Sergio Parra introduce una teoría fascinante que conecta la biodiversidad con otro tipo de riqueza: la diversidad lingüística. La clave, sorprendentemente, se encuentra en los patógenos. La teoría sostiene que los idiomas no surgieron solo para comunicarnos, sino como un mecanismo de defensa y etiquetado. En zonas con alta biodiversidad, como los trópicos, también hay una mayor cantidad de patógenos. Antiguamente, los pequeños grupos de cazadores-recolectores desconfiaban de los extraños, y el lenguaje era la señal de alerta más clara. "La manera más fácil de no interactuar con personas fuera del grupo era darse cuenta que hablaban de manera distinta, nos daban miedo, nos alejábamos", explica Parra. Este comportamiento tenía una ventaja evolutiva directa: evitar el contagio de enfermedades portadas por otros grupos. Aquellos que no sentían recelo y se mezclaban con foráneos tenían más probabilidades de enfermar y morir. Por el contrario, los que desconfiaban del que hablaba diferente sobrevivían y se reproducían, perpetuando esa barrera social y lingüística. Según esta hipótesis, así se explica por qué en zonas tropicales existe una concentración tan alta de idiomas, como una isla del sudeste asiático con 15 idiomas distintos en apenas 20 kilómetros.

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