La Jornada
Todas las guerras, y más en la modernidad, son esquemas de suma negativa: todos los actores pierden y también, por sus inevitables repercusiones en un entorno globalizado, el mundo entero. La guerra de Israel, apuntalada por Estados Unidos, contra Irán ya colapsó la economía de todos los puntos cardinales y el escenario de devastación total no ha desaparecido. Un frágil armisticio de dos semanas no es una solución estable y verdadera.
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