El Periódico Extremadura
El Festivalino de Pescueza tiene un encanto especial que debe experimentarse, no puede atraparse con palabras. Cuando Sergio, El Gato con Jotas, sale a escena, la plaza de Pescueza –llena hasta la bandera- se viene abajo en vítores, y la emoción es inexplicable. El Gato no baila, flota en el aire, con su falda-pantalón negra y su seductora camisa transparente. Las gafas oscuras esconden una mirada pícara, pero a la vez reivindicativa, de quien sabe el camino andado y lo mucho que queda por recorrer. La melodía es la que escuchaban nuestras abuelas, pero la armonía y los instrumentos han variado. Y qué importa. Lo mollar es que cumple la función para la que esas coplas fueron compuestas: alegrar la vida. Sergio es un derviche que baila para conectarnos con la divinidad y lo consigue junto a una banda espectacular.
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