Diario CÓRDOBA
Claudia Montes es asturiana. No sabemos a qué dedica el tiempo libre pero sí quién presuntamente se enamoró de ella. Sí sabemos -o eso dice su declaración testifical- que durante su jornada laboral se dedicaba a leer libros de trenes. Astucia compasiva o agradecida coherencia con la empresa que facilitaba sus escaqueos. Claudia es asturiana -fue Miss Asturias como envenenado regalo curricular-. Imagino que los suyos serían los ferrocarriles de vía estrecha de la cornisa cantábrica; los túneles y el heno y, si me apuran, el hollín que ennegrecía y ennoblecía la filmografía asturiana de Garci.
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