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A apenas tres kilómetros al este de Níjar, en plena sierra Alhamilla en Almería, se levanta el Cerro del Hoyazo , también conocido como Volcán de la Granatilla. A simple vista puede parecer un monte más del paisaje árido almeriense, pero lo que esconde bajo sus pies lo convierte en uno de los parajes geológicos más singulares del sureste peninsular. Su origen se remonta al periodo Messiniense, hace unos 6,2 millones de años, cuando esta zona permanecía sumergida bajo el mar. Lo que hoy se observa no es un cráter volcánico activo, sino los restos erosionados de un antiguo domo volcánico submarino, que posteriormente quedó cubierto por un arrecife de coral. Con el paso del tiempo, la erosión ha dejado al descubierto su núcleo, rodeado por una corona de rocas más duras de origen carbonatado. El interior del Hoyazo presenta una depresión central que recuerda a una caldera. En ella, la acción del agua ha ido modelando el terreno hasta formar el barranco de la Granatilla, donde se concentra uno de los elementos más llamativos del enclave: los granates . Estos cristales, de intenso color rojizo, aparecen tanto incrustados en la roca volcánica como dispersos en depósitos arenosos fruto de la erosión. Uno de sus grandes atractivos es la posibilidad, muy frecuente, de encontrar granates de variedad almandina en su suelo. Estas piedras semipreciosas emergieron a la superficie arrastradas por la lava y, con el tiempo, han ido quedando expuestas debido a la erosión. A pesar de que los ejemplares de gran tamaño son cada vez más escasos, aún es posible hallar pequeños cristales con formas geométricas de lo más llamativas. Este cerro forma parte del Cinturón Volcánico Neógeno del Sureste de la Península Ibérica, una franja que se extiende desde Cabo de Gata hasta el Mar Menor y que reúne numerosos afloramientos volcánicos. En el caso del Hoyazo, su aspecto actual responde a millones de años de erosión que han dejado visible lo que en su día fue un volcán submarino. Hoy, el paraje no solo atrae a geólogos. Senderistas y curiosos recorren sus laderas y el interior del cráter, donde es posible caminar entre restos volcánicos y observar a simple vista los característicos granates. El acceso es sencillo: desde la autovía A-7, en dirección a Níjar, una pista de tierra conduce hasta las inmediaciones, desde donde una caminata de unos diez o quince minutos permite alcanzar el centro del antiguo volcán. Existen rutas más largas, como las que parten desde Los Tristanes o el embalse de Isabel II, que permiten apreciar fósiles marinos incrustados en las rocas , así como la riqueza natural que rodea este paraje. Además, los recorridos, en muchos casos, llegan a confluir con la denominada 'ruta del agua', que lleva a pozos y aljibes de un considerable valor histórico.
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