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La cuenta atrás para la Romería de la Santa Faz ya se respira en cada rincón del monasterio, donde el trabajo de las monjas Agustinas se convierte estos días en un ir y venir de manos que amasan, rellenan y envasan. Entre el aroma de la repostería y los preparativos de la Peregrina, este año la tradición llega con una novedad: los dulces de siempre se reinventan con sabores tropicales como la papaya y la guayaba, fruto de una huerta que sigue dando sorpresas.
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