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La palabra firme y tranquila de León | Collector
La palabra firme y tranquila de León
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La palabra firme y tranquila de León

Era cuestión de tiempo que un presidente como Donald Trump , que se comporta habitualmente como un vaquero en la barra del bar, a punto de desenfundar, acabara por atacar groseramente al primer Papa estadounidense de la historia. Y eso que León nunca ha ido al choque, porque no es esa su misión. Pero a alguien que se siente dueño de los destinos del mundo hasta lo grotesco, que no acepta controles ni contrapesos, le resulta intragable que un hombre sin poder militar ni político, como el obispo de Roma, exprese con libertad, mansedumbre y firmeza, un juicio histórico que contradice sus planes. Dice Trump que León es «débil con el crimen», lo cual es bastante absurdo si se tomara la molestia de escuchar al Papa. En lo que tiene razón es en que las intervenciones de León XIV «son terribles para la política internacional», para la suya sí, naturalmente. Quizás lo que ha sido «demasiado» para el emperador de Washington haya sido la denuncia de que «incluso el Santo Nombre de Dios es arrastrado en discursos de muerte… el que reza es consciente de sus propios límites, no mata ni amenaza con la muerte; en cambio, está sometido a la muerte quien ha dado la espalda al Dios vivo, para hacer de sí mismo y de su propio poder el ídolo mudo, ciego y sordo». Palabras duras del Sucesor de Pedro, ciertamente, pero precisas y ajustadas a este dramático momento de la historia. Nada más aterrizar en Argel, el pasado lunes, León XIV respondió con claridad que «el Evangelio dice que somos constructores de paz y la Iglesia tiene obligación moral de hablar muy claramente contra la guerra y a favor de la paz y la reconciliación«. Dicho lo cual, el Papa tiene cosas mucho más importantes que hacer que enredarse en un «toma y daca» con Trump. Argelia, la primera etapa de su largo viaje por África, es un destino que simboliza la gran historia del cristianismo que floreció en la orilla sur del Mediterráneo con figuras como el gran Agustín de Hipona, que siguen marcando la historia de la Iglesia y de la cultura de occidente; y por otra parte, plantea la cuestión trascendental del diálogo con el mundo musulmán con vistas a la justicia y a la paz. Esas sí son cosas grandes que merecen atención. León recordó que la paz no es sólo ausencia de conflicto sino expresión de justicia y de dignidad, y que sólo es posible con el perdón. Dijo también que la fe en Dios ocupa un lugar central en esa tarea: ilumina la vida de las personas, sostiene a las familias e inspira el sentido de la fraternidad. Habló también de dos dinámicas que tienden a secar el potencial de la verdadera religiosidad: el fundamentalismo y la secularización . Por una parte, «los símbolos y las palabras religiosas pueden convertirse en lenguajes blasfemos de violencia y opresión y, por otra, en signos carentes de significado, en el gran mercado de consumos que no sacian». Un mensaje para el mundo islámico y también para el occidente de antigua tradición cristiana. Con su presencia y sus palabras en el largo viaje que ha emprendido por África, el Papa está mostrando la libertad de la Iglesia frente a los poderes del mundo, algo que en la Casa Blanca deberían aprender de una historia mucho más larga y densa que las bravatas de su actual inquilino.

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