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El debate sobre los impuestos se reaviva en el Parlament de Catalunya ante una propuesta de Junts que busca una rebaja del tramo autonómico del IRPF y la supresión del Impuesto de Sucesiones. Esta iniciativa pone de manifiesto una percepción extendida entre los ciudadanos: Cataluña es una de las comunidades donde la presión fiscal es más alta. Para analizar esta compleja realidad, el profesor de Economía de la UAB, Ferran Brunet, describe un panorama que califica sin rodeos como un “infierno fiscal”, donde la carga impositiva frena el dinamismo y la competitividad de la región. El Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) es, junto al IVA, el principal tributo del sistema fiscal. Según explica Ferran Brunet, su carácter progresivo esconde un efecto perverso en el actual contexto económico. Con la inflación de precios, los salarios también se incrementan nominalmente, lo que provoca que muchos contribuyentes “salten de tramo” en el impuesto sin que su poder adquisitivo haya mejorado. Como resultado, acaban pagando una proporción mayor de sus ingresos. “A más inflación, saltamos de tramo y cada vez pagamos una proporción superior”, señala el economista, quien destaca que el sector público logra así recaudar mucho más de forma silenciosa, sin necesidad de anunciar subidas de impuestos. A pesar de las peticiones para que el Gobierno central deflacte la tarifa del IRPF para corregir este efecto, la Generalitat de Catalunya mantiene uno de los tramos autonómicos más elevados de toda España. Esta situación, en opinión de Brunet, sitúa a la comunidad en una clara posición de desventaja fiscal frente a otras regiones que sí han optado por aliviar la carga sobre sus contribuyentes. Otro de los tributos más controvertidos es el Impuesto de Sucesiones, ya suprimido en muchas comunidades autónomas pero que en Cataluña sigue vigente y recauda cerca de 1.000 millones de euros anuales. Ferran Brunet es tajante al respecto y asegura que existe un amplio consenso entre los economistas en que “el impuesto de sucesiones no tiene ningún sentido”. El argumento principal en su contra es que vulnera un principio tributario básico: la no doble imposición. “Es pagar sobre pagado, básicamente”, aclara Brunet, ya que los bienes y patrimonios que se transmiten ya han tributado previamente a través de otros impuestos. Critica que, pese a ello, ciertos dirigentes políticos crean que se puede “recaudar fiscalmente a través del impuesto de sucesiones”. Esta lógica, en un entorno de competencia fiscal entre comunidades, resulta, según el experto, totalmente contraproducente, ya que incentiva a los patrimonios a trasladarse a territorios con una fiscalidad más favorable. El profesor de la UAB recurre a la famosa “curva de Laffer” para ilustrar los efectos negativos de una fiscalidad excesiva. Esta teoría económica sostiene que, a partir de un determinado nivel de impuestos, la recaudación total comienza a descender porque los altos tipos impositivos desincentivan la actividad económica, fomentan la evasión fiscal o, directamente, provocan la fuga de capitales y empresas. “Cuanto más subes los tipos, llega un momento en que no recaudas, porque la gente se va”, resume Brunet de forma gráfica. Brunet pone como ejemplo el modelo de Madrid, que ha apostado por bajar los impuestos y se ha convertido en un polo de atracción de inversiones. La persistencia del Govern en mantener una presión fiscal elevada a pesar de los resultados negativos en términos de competitividad es achacada por el economista a una mezcla de factores. “Hay un problema de ignorancia muy grande”, afirma, pero también un profundo componente ideológico. “Cuando perseveras en la ignorancia y vas a resultados negativos, tendrías que cambiar”, reflexiona, sugiriendo que estas políticas pueden estar orientadas a satisfacer a una base de “votantes cautivos” que respaldan este modelo. Esta elevada carga tributaria tiene un impacto directo en la vida de la gente, como en el acceso a la vivienda. Brunet calcula que aproximadamente “el 50% del precio final de una vivienda son impuestos”. La justificación habitual para mantener esta presión es la necesidad de financiar los servicios públicos, como la sanidad o la educación. Sin embargo, el experto defiende que el enfoque contrario sería más eficaz: “Con menos impuestos hay más actividad. Y más actividad económica [...] permite recaudar más”. Advierte que el resultado de la política actual es que el crecimiento de las empresas catalanas ya no se está produciendo “en Cataluña”, sino fuera. Finalmente, Brunet aclara que esta asfixia fiscal afecta a todos los niveles de renta y perjudica especialmente a quienes operan dentro de la economía legal. La solución, a su juicio, es optar por la estabilidad y la moderación fiscal para estimular la economía en lugar de contraerla, una fórmula que ha demostrado su éxito en otros lugares. La pregunta que deja en el aire es por qué algo tan elemental se vuelve tan difícil de aplicar en Cataluña: “¿Por qué el mal existe? Por ignorancia o por vocación”.
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