Cope Zaragoza
Lo que empieza como una afición puede acabar convirtiéndose en un récord mundial. Es la historia de María José Fuster, una coleccionista de Campo (Huesca) que ha conseguido entrar en el prestigioso libro Guinness de los Récords por poseer la colección de hueveras más grande del mundo. Su impresionante recopilación asciende a 15.584 piezas, todas diferentes, un logro que quedará registrado en la edición del libro de 2026. El proceso ha sido largo, con un recuento oficial realizado en 2023 y la confirmación definitiva que no llegó hasta agosto de 2025. Fuster ha expresado la enorme satisfacción que le produce este reconocimiento. "Que digan en cualquier parte del mundo, la colección más grande de hueveras está en campo, pues a mí me llena de satisfacción", ha afirmado. Toda gran historia tiene un comienzo, y la de esta colección se encuentra en la casa del abuelo de María José, en Campo. Allí, en una vitrina, reposaban cuatro ejemplares idénticos de hueveras "con unas florecitas muy monas", que destacaban en un conjunto que a ella le parecía algo lúgubre. Se trataba de una vajilla de la Cartuja de Sevilla en blanco y negro que, en su opinión, transmitía un aire casi fúnebre. En medio de esa sobriedad, las hueveras aportaban un toque distintivo. "Estaban allí las cuatro hueveras todas graciosas, mira, me gustaba verlas. Daban alegría", recuerda la coleccionista. Aquellas piezas iniciales no solo le llamaron la atención por su estética, sino que también le hicieron reflexionar sobre el valor de los objetos cotidianos. Fuster comprendió que a través de un objeto tan pequeño como una huevera se pueden conocer alfarerías, porcelanas, modas y culturas de todo el mundo. Vio en ellas una ventana a un universo de historias y tradiciones, una cualidad que la impulsó a seguir buscando y ampliando su colección hasta alcanzar una cifra que nunca habría imaginado. Con una colección de 15.584 piezas, la organización es fundamental para no acabar comprando modelos repetidos. Al principio no le daba importancia, pero pronto se dio cuenta de la necesidad de un sistema. "Era muy difícil describir una pieza, porque se parecían todas iguales. Por ejemplo, ponía fondo blanco, rosa roja, y hay mil así", explica. Para solucionar este problema, Fuster ideó un minucioso método de clasificación que ha registrado en unos 40 libros o catálogos. Cada huevera que posee lleva un número de referencia en el interior de su base, que corresponde a una entrada en sus libros. Al consultar el número, por ejemplo el 5.720, se puede leer su historia completa: "Comparada por fulanito o regalada por fulanito, la fecha, te describo la pieza". Además de la descripción, Fuster optó por dibujar cada una de las piezas a partir de las cien primeras para tener un registro visual inequívoco que le permite gestionar su enorme patrimonio y asegurarse de que cada nueva adquisición es, efectivamente, única. La diversidad es una de las señas de identidad de esta colección récord. En ella se encuentran piezas de prácticamente todas las partes del mundo, reflejando una riqueza cultural inmensa. Fuster comenta que incluso en África ha encontrado hueveras que imitaban los diseños de la época colonial. "Tengo muchas especiales, por ejemplo, una de una señora que trabajaba en una fábrica de porcelana y el último día hizo una huevera, la pintó y me la trajo de recuerdo. No te puedes imaginar la cantidad de gente que me ha regalado", nos cuenta Fuster en COPE. Actualmente, la mayor parte de la colección se encuentra reunida en la localidad de Campo, aunque no toda está a la vista del público. Gracias a la colaboración del Ayuntamiento de Campo, más de 1.000 de estas piezas se exponen de forma permanente en una sala del Museo de Artes Tradicionales de la localidad. En la muestra se puede apreciar la variedad de la colección, desde las hueveras más sencillas hasta conjuntos más espectaculares de cuatro, seis u ocho piezas. Aunque le pregunten con frecuencia, María José Fuster es incapaz de elegir una huevera como su favorita. Para ella, muchas son especiales por el gran valor sentimental que atesoran. Incluso le han llegado paquetes inesperados desde lugares tan lejanos como Hollywood, enviados por desconocidos que han oído hablar de su pasión. "Me da mucha ternura y estoy muy agradecida", confiesa. A pesar de las dimensiones que ha alcanzado la colección, la afición de María José no se detiene, aunque su entorno empieza a pedirle que pise el freno. "Intentan que lo deje, porque dicen que ya me estoy pasando un poco", comenta entre risas. Admite que ya no caben en casa y que ha evitado caer "en la trampa" de comprar piezas muy caras, prefiriendo buscarlas en mercadillos y rastros. Sin embargo, su pasión sigue intacta, y si se cruza con una huevera que considera especial, no puede evitar añadirla a su tesoro.
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