COPE
La inteligencia artificial ha dado un paso peligroso en su relación con los usuarios. Ya no solo aprende de nuestros hábitos, sino que ha comenzado a utilizarlos para manipular las decisiones de compra, tratando a los consumidores como "mercancía". Así lo ha advertido Pilar Arzúa, secretaria general de la Unión de Consumidores de Palencia, durante su intervención en el programa 'Herrera en COPE' en Palencia, donde ha desgranado los riesgos de un mercado digital cada vez más opaco. Según ha explicado Arzúa, el cambio fundamental es que la IA ha pasado de ser una herramienta de aprendizaje a una de influencia activa. "Antes solamente tomaba nuestros datos para aprender, ahora ya sabe todo de nosotros", ha señalado. La experta ha detallado que los algoritmos conocen si tenemos pareja, hijos o si planeamos un viaje en solitario, y utilizan esa información para personalizar los precios. "Dependiendo de nuestras circunstancias, el billete sale a un precio o sale a otro distinto", ha afirmado. Esta manipulación incluye tácticas de presión psicológica. Arzúa ha puesto como ejemplo las compras en plataformas como Amazon, donde es común encontrar mensajes como "solamente quedan 2 en stock" o "hay otras personas mirando el mismo producto". Según la secretaria general, "muchas veces esas personas no existen. Solamente nos están metiendo prisa para comprar, sin comparar". Esta estrategia busca anular la capacidad de decisión racional del consumidor, incitándole a una compra impulsiva. Uno de los mayores problemas, según ha destacado Arzúa, es que "el consumidor no sabe" que estas prácticas están ocurriendo, lo que le deja en una situación de total vulnerabilidad. "Estamos totalmente indefensos en este mundo digital", ha lamentado. La falta de transparencia es absoluta: "Un algoritmo, no sabemos quién controla ese algoritmo, no sabemos en qué servidor está, no sabemos a quién dirigir una reclamación". Esta indefensión se agrava por la dificultad de exigir responsabilidades. Pilar Arzúa ha explicado que estas empresas suelen establecerse en países con legislaciones más laxas en materia de consumo, como Bélgica, porque "saben que tienen la sartén por el mango" y que las reglas están hechas a su medida. Para ellas, "el consumidor es indefenso, solamente es un mero trámite, un número más". Además, los "costes de reclamar", al tener que contratar abogados, superan a menudo el valor del producto reclamado. Frente a este panorama, Arzúa ha reivindicado el valor del comercio local de Palencia. "Al final, el comerciante que te está vendiendo ese producto es tu vecino, sabe lo que necesitas, sabes que te va a cuidar", ha defendido. En el comercio pequeño, la relación es personal y la resolución de problemas, más sencilla y directa. "Si pasa cualquier cosa, te puedes dirigir a él y puedes decir, mira, ha pasado esto, lo solucionamos de manera amistosa", a diferencia de la comunicación inexistente con las grandes plataformas digitales.
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