El Plural
El Gobierno de Juanma Moreno Bonilla ha decidido bajar la persiana de la Universidad de Sevilla. Y no es una metáfora. Lo que está ocurriendo en la Universidad de Sevilla, obligada a ejecutar un plan de ajuste traumático de 16 millones de euros, es el inicio de un apagón educativo sin precedentes. La negativa de San Telmo a cubrir los salarios de los profesionales que sostienen la universidad ha dejado a la Hispalense bajo mínimos. Esta situación fuerza a la institución a una dieta estricta y obligatoria. Mientras tanto, la Junta de Andalucía riega con privilegios y alfombras rojas al floreciente negocio de las universidades privadas. El ataque es una realidad que se mide en aulas masificadas, puertas cerradas y titulaciones denegadas. Este plan de choque supone un retroceso histórico para los derechos de los andaluces. No se trata de una gestión ineficiente de la propia institución, sino de una pinza financiera ejecutada con precisión quirúrgica desde el Gobierno andaluz del PP. Al prorrogar los presupuestos y no contemplar el margen necesario para las subidas salariales, la Junta traslada el déficit directamente a las aulas. El resultado es dantesco: menos docentes, grupos más llenos y la decisión de cerrar edificios por la tarde para ahorrar en suministros básicos. Para los alumnos, esta medida es un golpe directo a la línea de flotación de la igualdad. La universidad pública siempre ha sido el refugio de la clase media trabajadora, y muchos estudiantes dependen del turno de tarde para compatibilizar su formación con empleos. Al apagar las luces a las seis de la tarde, Moreno Bonilla envía un mensaje implícito: si no puedes estudiar por la mañana, quizás la universidad pública no sea para ti. La masificación de los grupos y la falta de sustituciones degradan la calidad de la enseñanza. Los estudiantes ven cómo su formación se convierte en una carrera de obstáculos donde el apoyo personalizado desaparece. No es solo un problema de horarios, es una merma en el derecho a una educación de excelencia que no dependa del código postal o de la cuenta corriente familiar. Para los docentes e investigadores, el escenario es de una precariedad asfixiante. La reducción en la contratación y el bloqueo de las promociones internas frenan en seco el relevo generacional. Profesores asociados y ayudantes doctores viven en una incertidumbre constante. Andalucía corre el riesgo de sufrir una fuga de cerebros interna: talento formado con dinero público que se ve obligado a marcharse ante la falta de recursos mínimos y de oportunidades de ser un profesional en la enseñanza pública universitaria. No se puede investigar al más alto nivel ni preparar clases excelentes cuando la preocupación principal es si la Junta transferirá los fondos para la nómina. La estrategia de Moreno Bonilla se basa en una asfixia programada para degradar lo público hasta que parezca deficiente. Es el paso previo necesario para justificar el trasvase de alumnos hacia la privada. Mientras la Hispalense hace encaje de bolillos, el mapa de Andalucía se llena de...
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