Diario de Noticias
En el convento de Aranzadi, que fue desalojado el pasado lunes 13 de abril, convivían realidades personales muy distintas. De las 98 personas atendidas tras el desahucio, algunas fueron reubicadas en albergues, hoteles y pensiones; a las que eran perceptoras de la renta garantizada, se les proporcionó un listado de pisos compartidos; varias rechazaron las opciones ofrecidas; y a tres se les denegaron las ayudas por estar sancionadas. De cualquier manera, todas ellas compartían un denominador común: esta no es la vida que buscaban. Aun así, los discursos racistas están unificando la situación de estas personas, como si las intenciones de todas estuvieran necesariamente manchadas. En este contexto, Rabia Maazi e Ismail Lakhdadi, dos chicos de Casablanca que vivían en Aranzadi hasta ser desalojados, comparten su historia, su preocupación por el realojo temporal y el objetivo con el que vinieron.
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