El Comercio
Otra vez la misma escena, como si el país tuviera memoria corta pero reflejos intactos: la pantalla abierta, los porcentajes avanzando con una parsimonia que desespera, los gritos de fraude –siempre preventivos, siempre oportunos– de quien tiene la certeza de que no pasará a la segunda vuelta, y esa vieja costumbre tan peruana de hacer cálculos al ojo, como si la intuición pudiera torcer el conteo.
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