ABC
En 2018, una ciudad fue designada por primera vez Capital Mundial de la Arquitectura. Río de Janeiro fue entonces la elegida para ostentar la distinción en 2020, creada por la Unesco y la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), con el propósito de preservar el patrimonio arquitectónico en el contexto urbano. Desde entonces, la urbe reconocida con ella acoge también la celebración del Congreso de la UIA. Que Barcelona lo sea en 2026 cobra un significado especial porque supone el regreso a ella de esta reunión, tres décadas después de ejercer como anfitriona por primera vez. Así, el Congreso de la UIA en 1996 fue una cita épica tanto para arquitectos como para la capital. Un momento álgido en un periodo vibrante. Estudiantes y jóvenes licenciados peregrinaron a la que entonces era la meca de la Arquitectura, extraordinariamente metamorfoseada para la cita olímpica que había tenido lugar cuatro años atrás. La avalancha de asistentes obligó a reubicar las actividades en recintos con mayor aforo. La memorable imagen de Peter Eisenman luciendo una camiseta del Barça sobre un escenario situado frente al MACBA de Richard Meier –entonces recientemente inaugurado–, junto a Norman Foster, Daniel Libeskind y Jacques Herzog es la primera instantánea del reinado de los 'starchitects'. Mucho ha sucedido en los treinta años transcurridos y mucho ha cambiado todo. Barcelona ha perdido aquel brillo, malherida por políticas populistas y una gestión cultural errática, y el reino de la Arquitectura ha perdido parte de aquel poder y carisma a causa de los embates de la crisis económica de 2008. El congreso que la capital catalana acogerá entre el 28 de junio y el 2 de julio –organizado por la UIA, el Consejo Superior de Arquitectos de España y el Colegio de Arquitectos de Cataluña – se presenta bajo un título que hace patente la mutación que el estado mental e ideológico de la disciplinas ha ido consolidando a lo largo de los años: 'Becoming. Architectures for a Planet in Transition'. En paralelo, Barcelona está ya acogiendo desde el 12 febrero un extenso programa de actividades que se prolongará hasta el 13 de diciembre, actuando como «laboratorio y espacio de referencia global para el debate sobre las próximas transiciones ecológicas, sociales, materiales y culturales». Con un enfoque multidisciplinar, la agenda del congreso va a constar de participaciones en múltiples formatos: ponencias en sesiones plenarias moderadas por antagonistas, conferencias, diálogos, debates, mesas redondas, talleres para estudiantes y una gran exposición. Actividades con las que se abordarán «prácticas que ponen en cuestión las inercias con las que se han construido nuestros hábitats, atravesados por el calentamiento global, las transformaciones sociales y nuevos marcos tecnológicos y jurídicos y que ensayan nuevas formas de relación entre Arquitectura, territorio, clima y sociedad. Un conjunto plural de voces que permitirá trazar un panorama amplio y crítico sobre los futuros posibles de la disciplina», según señalan Pau Bajet, Mariona Benedito, Maria Giramé, Tomeu Ramis, Pau Sarquella y Carmen Torres , los arquitectos que integran el equipo de comisariado del Congreso. Estos explican que su temática «se despliega en seis líneas de investigación abiertas e interconectadas que invitan a reflexionar sobre el tiempo como herramienta de diseño y a tomar conciencia y actuar sobre los desafíos actuales: las nuevas formas de vivienda y modos de vida más equitativos; la crisis climática; la transformación de los territorios o la influencia de la gestión y manipulación de los datos y las nuevas tecnologías en la vida cotidiana»: Serán 'Becoming More-Than-Human' (coexistencia ecológica), 'Becoming Circular' (gestión de materiales y energía), 'Becoming Embodied' (transición de la materia a la construcción), 'Becoming Interdependent' (relaciones de cuidado y cooperación), 'Becoming Hyper-Conscious' (impacto de los datos y la tecnología) y 'Becoming Attuned' (sensibilidad hacia lo cotidiano y lo cultural). Observando la lista de participantes y las líneas de investigación, parece quedar claro que este congreso seguirá la línea globalista marcada por la Agenda 2030. En síntesis: una alineación clara y sin fisuras con los dictados 'wokistas' que siguen a rajatabla esta clase de eventos en los últimos años. No hay que ser tan ingenuos como para pedirle a un congreso como este, y más en este momento, que no represente el discurso oficial imperante; pero se podría, cuando menos, permitir la posibilidad de ofrecer una visión crítica alternativa. Veremos si esos «moderadores antagonistas» en efecto presentan opiniones que confronten y pongan en duda un modelo que, a la luz de los acontecimientos mundiales, ya ha sobrepasado su fecha de caducidad por improductivo y contraproducente. El Congreso de la UIA 1996 murió de éxito al dar impulso a la dictadura de los 'starchitects'. Confiemos en que el de 2026 no resulte otra oportunidad perdida, esta vez por querer hacer del arquitecto un salvador de la humanidad mientras rehúye los problemas reales y fuerza lecturas sectarias sobre las realidades que los están originando.
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