Cope Zaragoza
La estación de autobuses de Pamplona, inaugurada en 2007, afronta actualmente una importante obra para solucionar sus conocidos problemas de goteras. Según explica el exalcalde y arquitecto municipal, Enrique Maya, la reparación, con un coste cercano a los tres millones de euros, se ha demorado por un "expediente administrativo complejo" sobre quién debía asumir el coste. Tras un largo proceso judicial, la empresa concesionaria actual está ejecutando la reforma, que ha obligado a levantar parte del césped de la Vuelta del Castillo. La construcción de la estación en el corazón de Pamplona no estuvo exenta de debate. El Gobierno de Navarra proponía una estación intermodal junto a la del tren en Echavacóiz, pero el Ayuntamiento defendió su ubicación céntrica. "Estoy muy orgulloso de aquella decisión que en su momento se tomó", afirma Maya, quien representaba al consistorio en las negociaciones. La decisión permite que los viajeros lleguen "al mismo centro de la ciudad". El emplazamiento en el entorno de la Ciudadela y la Vuelta del Castillo obligó a tomar soluciones arquitectónicas singulares. La institución Príncipe de Viana exigió que la estructura quedara completamente enterrada para proteger el bien patrimonial. Esta condición descartó un proyecto inicial inspirado en la estación de Córdoba, que incluía un gran patio central para dar luz, y limitó cualquier elemento emergente a una franja de cristal junto a la calle Yanguas y Miranda. Uno de los mayores desafíos fue el diseño estructural para evitar llenar el espacio de pilares. La solución fue "una enorme columna central" de unos tres metros de diámetro de la que parten las vigas, "como si fuera un paraguas abierto". Este elemento se convirtió en el gran protagonista de la obra. "Ese enorme pilar central fue un gran reto de toda la obra", recuerda Maya sobre una solución que califica de "espectacular". Sin embargo, la alegría inicial se vio empañada poco después de la inauguración. El exalcalde recuerda el "disgusto absolutamente descomunal" que supuso descubrir que, tras el esfuerzo constructivo, la estación tenía goteras. Este problema ha persistido durante años hasta la actual intervención, que finalmente le pondrá remedio. La condición de ser una obra subterránea obligó a los arquitectos a idear soluciones ingeniosas, como ocultar las ventilaciones en las rampas de acceso. Para una de las salidas de humos, Príncipe de Viana autorizó unos tubos blancos inclinados sobre el césped "que parece una escultura". Además, el proyecto permitió recuperar el Revellín de la Victoria, una parte de la muralla que había sido arrasada. La estación es obra de los arquitectos Manuel Blasco, Luis Tabuenca y Manuel Sagastume. Aunque la zona comercial ha tenido un éxito desigual, actualmente acoge un gimnasio y una discoteca. Enrique Maya destaca el valor de la infraestructura y el legado de los arquitectos que, como Víctor Eusa en su día, "han dejado una huella muy importante" en Pamplona.
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