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Aunque Juan Carlos I abdicó el 19 de junio de 2014, las imágenes de las últimas dos semanas podrían interpretarse como que el anterior Rey busca recuperar su posición como cabeza de la Familia Real, doce años después de renunciar a la Corona en favor de Felipe VI. El mismo Rey que expresó por carta a su hijo su intención de apartarse de la vida pública, aterrizó el pasado martes en el aeropuerto de Peinador, en Vigo, después de una gira de dos semanas que comenzó con un baño de masas en la Maestranza de Sevilla el Domingo de Resurrección, a la que le siguió un reconocimiento en la Asamblea Nacional Francesa por sus memorias, 'Reconciliación', donde afirmó que «nadie es profeta en su tierra». De París viajó a Vitoria para un chequeo médico y antes, hizo escala en Cascais. Lejos de llevar una vida discreta y tranquila alejado de los focos, el padre de Felipe VI ha ampliado su presencia pública. Estas dos últimas semanas el anterior Rey ha dejado claro que la carta que envió a su hijo en 2019 es papel mojado. Esta gira ha supuesto la confirmación de una tendencia que, incluso, en el Palacio de la Zarzuela podrían interpretar como una provocación. Y es que, lo que en 2019 fue un compromiso explícito y por escrito de Don Juan Carlos –«completar mi retirada de la vida pública» y actuar «con lealtad siempre»– parece que hoy ha quedado sin efecto. Aquella carta, que la Casa del Rey se encargó de difundir, no dejaba margen a la ambigüedad. Supuso la retirada de Don Juan Carlos de la esfera pública, en línea con lo que necesitaba la Institución en ese momento. Pareció entonces que el padre de Felipe VI lo hacía por la Corona. Y así pareció confirmarse un año después, en agosto de 2020, cuando salió de España rumbo a Abu Dabi: Juan Carlos I se apartaba del foco mediático para facilitar el ejercicio de su hijo al frente de la jefatura del Estado en un momento de descrédito total de la Corona a causa de las decisiones que tomó durante los últimos años de su reinado. Seis años después la secuencia es otra. El regreso progresivo a la vida pública de Juan Carlos I se ha ido intensificando. Estas dos últimas semanas condensan ese giro, que comenzó con el primer plato fuerte en Sevilla, cuando reapareció el Domingo de Resurrección en la Maestranza para asistir a una de las corridas más señaladas del calendario taurino. No era difícil adivinar que su vuelta a una plaza de toros no podría ser discreta. Ni planeandola así lo habría conseguido. En cuanto hizo su entrada en el ruedo, el público se puso en pie y hubo vítores a su favor. Acompañado por la Infanta Elena, recibió la montera y la levantó como gesto de agradecimiento de la ovación. Por unos instantes, aquel momento recordó a la escenografía de otra época. Un tiempo donde Don Juan Carlos no había sido investigado todavía por ninguna causa fiscal. Un tiempo donde el anterior Rey podía considerarse ejemplar. Vio la corrida en el palco de maestrantes, que no desde el palco real, y, después, posó junto a los toreros Morante de la Puebla, Roca Rey y David de Miranda, acompañados de sus cuadrillas. Con la Infanta Elena a su lado, aquello parecía un besamanos y las fotos que se difundieron en ese momento se podrían interpretar como un desafío. La vuelta al ruedo de Don Juan Carlos se escenificó en la plaza de toros de Sevilla y continuó con una agenda social que no limitó al ámbito privado, ya que se desarrolló en lugares públicos. Se alojó, además, en el mismo hotel que los toreros y le recibieron en la puerta con un sentido abrazo sus nietos Victoria Federica y Felipe de Marichalar. Después de una escala en Cascais, puso rumbo a París, donde recogió junto a su biógrafa Laurence Debray un premio por 'Reconciliación', sus memorias, que le concedió una asociación vinculada a la Asamblea Nacional Francesa. Allí, junto a las Infantas Elena y Cristina, su nieto Felipe, María Zurita y Susana Griso reforzó el relato de su libro y, de paso, proyectó una imagen internacional que contrastó con esa intención de retirada que tuvo en 2019. «Ahora, cuando miro hacia atrás, el presente no me abruma, aunque a veces puede entristecerme. Soy consciente de que nadie es profeta en su tierra y que siempre habrá juicios divergentes sobre todo. Pero siempre he tenido claro que la democracia, el respeto de los derechos humanos y el progreso de la sociedad española eran los objetivos por los que quería obrar », afirmó Don Juan Carlos. Delante de todos los jefes de la Casa del Rey que tuvo durante su reinado, añadió: «Yo mismo he podido volcar en estas páginas, junto a hechos y datos que considero relevantes para la Historia y de los que me siento legítimamente orgulloso, emociones, sentimientos y esperanzas que pertenecen a mi historia personal, al igual que las debilidades y los errores que he podido cometer como ser humano y de los que no puedo sentirme orgulloso. Todo ello forma parte de mi vida y siento que pedía a gritos ser compartido públicamente con total libertad. Eso es lo que he hecho y estoy satisfecho con ello». Fue allí, tras el acto, cuando Don Juan Carlos posó con sus hijas y su nieto para la portada de ¡Hola! de esta semana, que evoca a los viejos tiempos, pero también a los nuevos: con el padre de Felipe reivindicando un sitio al que él mismo renunció hace años y con dos Infantas de España volviendo también a la primera línea. Desde la capital francesa Don Juan Carlos voló a Vitoria. Allí, en la clínica del doctor Eduardo Anitua, se sometió a un chequeo médico. Incluso ese desplazamiento, en principio privado, formó parte de una ruta encadenada de apariciones que han ido dibujando una presencia constante del padre del Rey en distintos escenarios durante las últimas dos semanas. Salvo sorpresas, parece que el destino final es Sangenjo, que en los últimos años se ha convertido en el escenario principal de sus visitas a España. Las regatas, los encuentros en el náutico y la cercanía con su entorno han hecho de la localidad gallega una especie de base de operaciones desde donde ha querido normalizar su presencia aquí desde que se instaló en Abu Dabi en 2020. En estas dos semanas ha sumado más regatas, comidas, corridas de toros, premios y más viajes internacionales. Con esta agenda Don Juan Carlos proyecta lo contrario de lo que supuestamente prometió a su hijo. El padre del Rey no ha reducido su exposición, ni ha sido discreto ni ha limitado sus movimientos, tal y como Felipe VI le demandó en mayo de 2022, cuando, tras su primera visita a Sangenjo, le convocó a un almuerzo en el Palacio de la Zarzuela, en el que también estuvo la Reina Sofía y su hermana la Infanta Margarita. Antes, hijo y padre mantuvieron una tensa conversación en el despacho del jefe del Estado que duró dos horas. Allí el Rey Felipe trasladó personalmente a su padre la necesidad de prudencia y de evitar una excesiva exposición. La petición quedó reflejada en el lenguaje utilizado por el Palacio de la Zarzuela, que habló entonces de «ámbitos de carácter privado» como marco de referencia para sus actividades. Pese a aquella petición expresa de Felipe VI, Don Juan Carlos ha ido incorporando cada vez más actividades en sus siguientes visitas. Poco a poco, ha tenido más presencia mediática. Hasta viajó a Madrid para la boda del alcalde José Luis Martínez-Almeida con Teresa Urquijo, a la que acudió junto a sus hijas y sus nietos. El colofón a estas visitas ha sido la publicación de sus memorias y su correspondiente promoción, para la que también difundió un vídeo con la bandera de España de fondo para reivindicar su legado. Un clip que, una vez comprobado que no era un montaje de Inteligencia Artificial, desde Zarzuela tacharon de «inoportuno e innecesario». Aún así, el padre del Rey dio sendas entrevistas a medios franceses con la excusa de promocionar el libro, lo que le permitió consolidar su presencia en los medios de comunicación y que se hablase de él. Con la estrategia de que la gente no se olvide de él y de su legado, por detrás persigue el objetivo de generar debate en España sobre su regreso, aunque desde el Palacio de la Zarzuela ya dejaron claro el pasado 27 de febrero que no hay ningún tipo de oposición a que Don Juan Carlos vuelva a residir en España, siempre y cuando tribute aquí . No cabe duda de que ha sido una Semana Santa diferente. Mientras Don Juan Carlos regresaba a España e intentaba presidir una corrida de toros, las Infantas Elena y Cristina no solo estaban pendientes de él, también acompañaban a la Reina Sofía a una procesión en Murcia y al concierto de Proyecto Hombre en la catedral de Palma. A los dos actos la madre del Rey fue en calidad de miembro de la Familia Real, aunque uno estuviera en la agenda de la Casa del Rey y el otro fuera de carácter privado. En Palma, las hermanas de Felipe VI trataron de tener presencia institucional al saludar a las autoridades después que su madre, pese a que no forman parte de la Familia Real, por Real Decreto, desde que Felipe VI fue proclamado Rey. Parece que las dos siguen los pasos de su padre y los tres persiguen volver a tener la agenda institucional que hace tiempo que les dejó de corresponder.
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