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Crítica de 'Prime Crime: A true story' (**): Crónica de un secuestro de locos | Collector
Crítica de 'Prime Crime: A true story' (**): Crónica de un secuestro de locos
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Crítica de 'Prime Crime: A true story' (**): Crónica de un secuestro de locos

La imagen de Tony Kiritsis apuntando con una escopeta a la cabeza de Richard Hall, tomada por John H. Blair, fue el Premio Pulitzer de Fotografía de 1978. Un caso real ocurrido en 1977 y que Gus Van Sant ha llevado al cine con el título aquí de 'Prime Crime: A True Story'. Kiritsis se sintió estafado por su agente hipotecario, Richard O. Hall, fue a las oficinas y secuestró a su hijo Richard y lo mantuvo bajo la amenaza de una escopeta atada al cuello con el sistema 'cable del hombre muerto' (así se titula originalmente la película, 'Dead man's wire'). El argumento está anclado en esta situación, la amenaza sobre la cabeza del secuestrado y las intenciones del secuestrador de que le indemnicen por su perjuicio económico y que le den cobertura mediática para denunciar públicamente a los estafadores. Tanto la tensión como la intriga están atenuadas por la propia personalidad del secuestrador, evidentemente un pobre hombre que es víctima aunque quiera parecer verdugo. La relación entre ellos es anodina y está cargada con mucho menos metralla que la escopeta, y solo toma algo de vuelo y profundidad las pocas veces que aparece el desaparecido padre, un tipo duro, impresentable y sin corazón que interpreta de forma casi graciosa Al Pacino . A Kiritsis lo encarna Bill Skarsgard, un trabajo difícil pues lo muestra mentalmente muy aturdido, con un tornillo flojo y el otro excesivamente apretado, resabiado e ingenuo y con la misión de producir al tiempo pánico y cierto afecto. Su secuestrado, Dacre Montgomery, tampoco lo tiene especialmente fácil en su papel de estúpida carne de cañón. Los personajes no son lo suficientemente atractivos y lo que sí consigue Gus Van Sant, un director muy hábil cuando no se pone 'estupendo' , es colocar la ambientación de la época con gusto (gusto de los setenta, claro) y planificar y narrar con claridad, procurándole a su historia, ya que no excesiva intriga, sí mucha incomodidad ética. Gus Van Sant es un director de enorme crédito, pero no es esta película de las que reverencia la crítica, con lo que puede uno ir a verla tranquilamente, sin miedo.

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