El Plural
El panorama de los eurogames sigue buscando nuevas formas de refrescar fórmulas conocidas. En un género donde la optimización y la construcción de motores dominan la mayoría de propuestas, cada vez es más difícil encontrar títulos que aporten una identidad propia sin renunciar a la accesibilidad. Y ahí es donde entra Ecos del Tiempo, el nuevo diseño de Simone Luciani y Roberto Pellei. Hay juegos que se leen en diez minutos y se tardan veinte partidas en dominar. Ecos del Tiempo es uno de esos, aunque con un matiz importante: aquí la distancia entre entender y dominar no pasa por el reglamento, que cabe en apenas tres páginas dobles, sino por el conocimiento de un mazo de más de cien cartas que no repite prácticamente ninguna. Ese es su mayor secreto y, a la vez, su mayor gancho. Y hablamos de un juego que llega ahora a las mesas con el blasón de mejor juego de mesa avanzado de Interocio. Publicado en España por Tranjis Games, el título se inscribe en la mejor tradición de la escuela italiana de diseño: construir algo aparentemente sencillo sobre una idea original, y luego añadir capas de interacción sin que el conjunto se desborde. Aquí esa idea original se llama loseta deslizante. Estética: el trazo de Calore no defrauda La estética de Ecos del Tiempo es sencillamente genial. Giovanni Calore despliega un estilo pictórico vibrante que equilibra la fantasía clásica con una narrativa visual moderna, con una paleta de colores rica y contrastada que diferencia con nitidez las cuatro facciones —agua, bosque, cielo y tierra— y los elementos temporales. El trazo es limpio pero detallado, y dota a los personajes de una expresividad que los integra orgánicamente en escenarios que evocan esa sensación de leyenda antigua que la ambientación del juego promete. La producción está en equilibrio con los 39,95 euros del precio recomendado. Un estándar para eurojuegos que no racanea, pero tampoco exagera. La producción es sólida, acorde al precio de referencia del género en este rango de complejidad. El artificio de las losetas deslizantes no solo funciona mecánicamente: tiene algo de elegante como objeto físico, y refuerza la metáfora central del juego. El tablero personal es limpio y su iconografía, a pesar de lo que puede parecer en una primera ojeada, resulta bastante intuitiva. Apenas hay que consultar el manual durante los primeros compases; si acaso, en el momento de distinguir entre retirar y descartar cartas, que no queda del todo claro en el reglamento, o al comprobar que la fuerza de las criaturas debe superar —no igualar— la marcada en la fuente de poder. Mecánica: el plus de la escuela italiana El núcleo del juego es el sistema de losetas deslizantes que simula el paso del tiempo. Las cartas no se juegan directamente a la mesa: se colocan en una de las posiciones del tablero personal y avanzan ronda a ronda hacia la hermandad, el espacio donde se activan sus efectos. No es que haya reinventado la rueda —al fin y...
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