ABC
De todos los espejos disponibles en la ficción, ni los del Callejón del Gato ni el de la madrastra de Blancanieves son los más fiables. Entre los inquietantes, el laberinto de espejos de 'La dama de Shangái' se triza y el azogue de Alicia se ahueca hacia el país de las maravillas. Pero el otro día me vi reflejado en otro, fidedigno: la película 'Los mejores años de nuestra vida', que protagonizan los Hombres G y que pronto llega a los cines. No es el típico documental a mayor gloria, que la tienen, de unos músicos inmensos, que lo son. El guión se ha centrado en la historia de cuatro amigos que llevan juntos desde la más tierna infancia, que van cumpliendo sueños propios y ajenos, y a veces se despeñan por la triste realidad, pero no se rinden y siempre alzan el vuelo hacia ese lugar donde fuimos o dejamos de ser mientras vivimos. Indirecta, pero no involuntariamente, el empeño musical y de buen rollo de la banda de David Summers, Javier Molina, Rafa Gutiérrez y Daniel Mezquita funciona como la brújula que no queremos ver, fiel a sí misma. En los últimos veinte años hemos estropeado entre todos tantas cosas (no solo la política o el respeto institucional), hemos abollado la confianza en el futuro y nuestra capacidad para convivir. Pero el espejo que supone este documental nos refleja en los mejores sentimientos que perviven a la espera de que los rescatemos. En tiempos de relato forzado para epatar, esta historia de amigos y de música nos puede salvar a todos. Porque son los mejores años de nuestra vida , todavía.
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