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Sonia Mayor es pastora, quesera y bombera forestal en Gran Canaria. Pertenece a la cuarta generación de una familia dedicada al pastoreo, un oficio que para ella no es un agobio, sino una forma de vida que le apasiona. Su trabajo diario no solo consiste en elaborar quesos artesanales, sino también en guiar a su rebaño para prevenir incendios forestales, una labor crucial para la isla. La tradición quesera la heredó de su bisabuela, su abuela y su madre. De ellas aprendió todos los secretos para elaborar quesos de cabra, oveja y mezcla, tanto semicurados como curados. El más demandado es el semicurado, ya que, según explica, está “en el punto más cremoso cuando se está curando, no está ni tierno ni duro, está en el punto ideal”. Su rebaño es una herramienta fundamental en la lucha contra los incendios. Como parte del proyecto ‘Gran Canaria Mosaico’ del Cabildo, Sonia se ha convertido en una ‘pastora bombero’. Sus más de 100 animales se alimentan de la vegetación que crece en invierno, reduciendo la masa forestal que podría convertirse en combustible en verano. Un trabajo que, como ella misma resume, consiste en que “los animales que comen la hierba y hacen cortafuegos”. La labor de limpieza es especialmente importante en los barrancos, zonas que, según los técnicos, son más complicadas que las montañas por su microclima y donde el fuego avanza más rápido. Sonia pastorea en el barranco de Guiniguada, desde el Puente de Palo hasta el Drago de Pino Santo. “Hay muchos sitios que son de risco, y que solo una cabra o una oveja puede subir, un técnico forestal con maquinaria, pues créeme que no puede subir”, detalla sobre la importancia de su trabajo en zonas de difícil acceso. Su jornada empieza temprano, ordeñando a los animales, para después sacarlos a pastorear dos veces al día. Al mediodía, se dedica a la elaboración del queso. Aunque le gustan ambas facetas de su trabajo, confiesa que lo que más le relaja es estar en el campo: “escuchas toda la naturaleza, escuchas los pajaritos cantando, estás en un espacio libre”. Para ella, el pastoreo es una vía de escape del estrés, tal como afirma: “estando de pastoreo no tienes ni ansiedad, ni estrés, ni preocupaciones”. Este oficio, que aprendió de su padre y su abuelo, ha cambiado con el tiempo. Gracias a la iniciativa del Cabildo, ahora se sienten “más protegidos”. Según Mayor, “antiguamente había que tener un poquito de miedo a Medio Ambiente”, pero ahora pastores y administración van de la mano. Esta alianza ha demostrado su eficacia, ya que en la zona que ella pastorea, el Guiniguada, “nunca ha habido incendios forestales”. A pesar de la belleza del trabajo, Sonia advierte que no es un camino fácil y que “hacen falta más pastores”. Aconseja a los jóvenes interesados que empiecen “poquito a poco” y que adquieran experiencia con un pastor veterano. “Hacerte con los animales no te haces de un día para otro”, afirma, y compara la ganadería con la vida en una ciudad: “Por la mañana, te levantas, puede haber alegría, puede haber tristeza”. Uno de los grandes desafíos actuales es la masificación turística en zonas como Montepavón y Lomo del Palo, conocidas como la ‘Pequeña Islandia’. Sonia Mayor relata los problemas que sufren los pastores, con coches bloqueando los accesos a los corrales y turistas que no respetan los caminos. Por ello, pide a la ciudadanía que, cuando vean un rebaño, “amarren sus perros y llamen al pastor” y que respeten las explotaciones ganaderas para no estresar a los animales.
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