Cope Zaragoza
Un año después de la inclusión del lobo en el Listado de Especies en Régimen de Protección Especial (LESPRE), la situación en el campo de Castilla y León es crítica. Según datos de la Junta y las Organizaciones Agrarias, los ataques de lobo han provocado la muerte de casi 6.000 animales en 2024, una cifra récord que se suma a un aumento del 47% en los ataques desde que se reforzó la protección del cánido. Este escenario es el que vive a diario Silvia Ruiz, una ganadera de Burgos que relata la crudeza de una realidad que va más allá de las pérdidas económicas. Para Silvia Ruiz, enfrentarse a los ataques es una experiencia que "psicológicamente, cada vez es más devastador". La ganadera explica el hundimiento que supone encontrar a sus animales muertos, pero subraya que el impacto es aún peor cuando los dejan malheridos. "Si te dejan muchas veces los animales mordidos y de mala manera, pues al final estás viendo sufrir el animal días, meses curándolos, y muchas veces se acaban muriendo", lamenta. La ganadera burgalesa asegura que ha perdido la cuenta de los animales que le ha matado el lobo, entre ovejas, cabras, caballos y vacas. Aunque la Junta de Castilla y León contempla indemnizaciones, Ruiz denuncia que no se están materializando: "Están mandando las resoluciones y no están pagando". Sin embargo, su demanda principal no es económica, sino de gestión. "Como ganadera y como persona, lo que quiero es que no me los maten, no que me los paguen", afirma con rotundidad, pidiendo que se controle la población de lobos. Curiosamente, Silvia Ruiz no considera al lobo su "enemigo", pues entiende que es un animal que mata por instinto. Para ella, "el verdadero problema que tenemos es la gente que defiende el lobo, la sociedad que defiende el lobo". Critica la visión idealizada que se proyecta sobre el animal y que choca con la realidad del sector primario. "La gente no es consciente de que no comemos chuletas de lobo, que lo que comemos son ovejas, cabras, vacas, la carne que estamos produciendo los ganaderos", sentencia. La falta de soluciones efectivas para prevenir los ataques aumenta la frustración de los ganaderos. Según Ruiz, no hay medidas que funcionen y el lobo "campa a sus anchas", hasta el punto de que lo ha visto "en tres ocasiones" por la puerta de su casa, "como si fuera un perrito paseando". La ganadera critica duramente la "política absurda" y a la "gente lacra que está viviendo a costa de proteger un animalito", cuestionando por qué el lobo tiene más prioridad que otras especies o su propio ganado. La crisis generada por el lobo agrava otro de los grandes problemas del campo: la falta de relevo generacional. Silvia Ruiz advierte que "no hay quien quiera seguir esto" porque es un trabajo puramente vocacional y no tan rentable como se piensa. "Si ganaríamos tanto dinero, habría muchísima más gente. Entonces, no será todo oro lo que reluce", concluye, dibujando un futuro incierto para un sector estratégico que se siente abandonado.
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