Cope Zaragoza
La familia es protagonista en la segunda semana de la iniciativa 'La Iglesia en 12 semanas', proyecto impulsado por la Conferencia Episcopal para acercar a la sociedad la labor que realizan las instituciones eclesiásticas en diferentes ámbitos. Bajo el lema 'Fortalecer la familia', la propuesta subraya que el hogar es el lugar donde las personas aprenden a amar y a ser amadas, y destaca que el amor no es solo un sentimiento, sino una decisión y una entrega cotidiana que se concreta en la vida familiar. En este sentido, se presenta el matrimonio como una vocación que da origen a la familia y que, vivida en la fe, se convierte en reflejo del amor de Dios. “En el matrimonio como sacramento aparece la indisolubilidad, el perdón, la unidad para toda la vida y el signo de que ese amor de Dios es para siempre, no es hoy te quiero y mañana no, es un amor eterno, y es signo de ese amor de Dios al pueblo y la humanidad”, ha señalado el obispo de Canarias y presidente de la Subcomisión Episcopal para Familia y Defensa de la Vida, José Mazuelos. El contenido de esta semana se articula en torno a ideas principales que ayudan a comprender la visión cristiana de la familia. Entre ellas, se destacan el amor como fuente de felicidad; la apertura de la vida; la familia como escuela de amor, perdón y feo o el testimonio de fidelidad que ofrecen los matrimonios a lo largo del tiempo. En su reflexión, el director de la Subcomisión para la Familia y la Vida, Miguel Garrigós, sostiene la necesidad de acompañar a niños, jóvenes y matrimonios en su camino vocacional. Se insiste en la importancia del noviazgo como etapa de preparación y en el compromiso de la Iglesia, a través de familias, parroquias y escuelas, para sostener esta misión. Además, se pone de relieve el desafío actual ante el descenso del interés por el matrimonio en algunos contextos, invitando a redescubrir su belleza y su sentido como camino de plenitud humana y cristiana. La iniciativa concluye destacando que fortalecer la familia es fortalecer la sociedad, al promover hogares donde el amor, la fe y la solidaridad sean el fundamento de la convivencia y del futuro. Así, la Iglesia reafirma su compromiso con la familia como “célula básica” de la vida social y como espacio privilegiado para la transmisión de la fe y los valores. “Si vemos el matrimonio como Iglesia doméstica, todos tenemos que construirla y hay elementos fundamentales, como la Palabra de Dios que ilumina, denuncia y llena de esperanza, sana muchas cosas. Otro elemento es tener presente el perdón. A veces nos airamos y maltratamos en el corazón al otro y necesitamos del sacramento del perdón y del alimento de la Eucaristía, porque la vida en común a veces es un desierto y hay que alimentarse de la Eucaristía”.
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