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Prácticamente todos los españoles conocen a Emilio en 'Aquí no hay quien viva' y Fermín Trujillo en 'La que se avecina'. Estos dos personajes han convertido a Fernando Tejero en uno de los rostros más icónicos de nuestro país. Una fama por la que el actor está muy agradecido, pero que le llegó a pesar notablemente cuando residía en pleno centro de Madrid, en Ópera concretamente, a escasos metros de la Plaza Mayor. Hace unos meses, contó en el podcast 'Poco se habla' cómo había cambiado su vida en la capital. «Cuando yo compré ese piso de Ópera, el barrio no era tan turístico. Pero, al igual que a otros muchos, se lo ha comido el turismo y luego no podía salir a la calle tranquilo. Tengo perros, los tengo que pasear, tenía que bajar con la gorra. Y bueno, el ruido ambiental me empezó a afectar a mi a mi ruido mental», relató. Frente a esta situación, no es de extrañar que Tejero decidiera huir del bullicio de la ciudad para refugiarse en un lugar más tranquilo, una rústica casa en El Escorial, donde ahora reside con sus tres amores, sus perritas Lía, Lua y Cata. Ahí vive ahora en paz rodeado de naturaleza: «Estoy en un chalet, pero enfrente tengo un bosque de mi casa». Un cambio que nunca hubiera esperado, pero que no entiende por qué no hizo antes: «Hace unos años ni lo hubiese pensado porque yo he sido muy urbanita, a m a mí me gusta la gente el ruido, pero ahora cero. Y cuando bajo a Madrid ahora digo: '¿Cómo he podido yo vivir aquí tantísimos años?'». El hogar de Fernando Tejero en El Escorial es una combinación entre lo moderno y lo rural, con protagonismo de materiales nobles, como puede apreciarse en sus techos altos con vigas de madera y las paredes de piedra vista. El salón es el corazón creativo de la casa. Un sofá de terciopelo azul rompe la sobriedad de la piedra y aporta un toque vibrante. Frente a él, una gran estantería repleta de libros y fotografías refleja la pasión del artista por la literatura y sus seres queridos. El dormitorio mantiene una estética clásica, sencilla y atemporal, caracterizada por la ausencia de cabezal y por unos colores claros que impregnan la estancia, dotándola de amplitud y luminosidad. La cocina, estrecha, sencilla y funcional, conecta con un comedor presidido por una gran mesa que actúa como punto de encuentro. No obstante, el gran atractivo de la villa es el exterior, donde la vegetación —hiedras, fresnos, encinas— envuelve la casa. Este se convierte en el entorno perfecto para que tanto él como sus mascotas disfruten del aire libre con total privacidad. Además de la casa, su ubicación es inmejorable. Pues vivir en El Escorial permite disfrutar de la tranquilidad que aporta estar lejos de la ciudad sin necesidad de renunciar a sus servicios. Y es que esta zona, ubicada a menos de 60 kilómetros de Madrid, cuenta con red de cercanías y autobuses que la conectan con la capital.
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