ABC
Los buenos vinos necesitan su tiempo, eso de madurar en la bota hasta alcanzar la esencia de su sabor no es cosa de prisas. A Pablo Aguado diría que le ocurre exactamente eso. Era previsible, por otro lado, pues todo aquel que posee clase y viene de buena cosecha, tiende a ir cogiendo solera con los años. Aguado está en el momento, en su momento, cuando la uva alcanza su esplendor, ése en el cual uno sabe lo que es y lo que no es, dilema espiritual necesario por discernir con uno mismo, eso de saber ser. El sentir de Aguado parece recoger todo ese legado de los buenos toreros sevillanos (Pepín Martín Vázquez, Manolo González, Pepe Luis, incluso a... Ver Más
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