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Un Superniño inédito en un siglo amenaza con disparar las temperaturas globales
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Un Superniño inédito en un siglo amenaza con disparar las temperaturas globales

La última vez que se desarrolló un súper episodio del fenómeno El Niño las condiciones de base del planeta eran muy diferentes. En aquella temporada 2015-2016, la consecuencia fue que un tercio de los arrecifes de la Gran Barrera de coral murió por el calor. Kuwait llegó a los 54 ºC, récord en el hemisferio oriental y una ola de calor excepcional en Australia dejó algunas localidades hasta 28 días consecutivos por encima de los 40 grados. Ese Superniño supuso un salto inédito en la temperatura global del planeta y fue el inicio de un periodo de once años que han sido los once más cálidos desde que hay registros. Ahora los pronósticos empiezan a perfilar un nuevo Superniño para final de año y hacen temer una nueva escalada en el calentamiento que agrave los fenómenos extremos. El Niño es un fenómeno natural por el que una parte del océano Pacífico oriental ecuatorial se caldea. Los años con vientos alisios más suaves en la zona hacen que la superficie marina se caliente. Esta masa de agua cálida interacciona con la atmósfera y es capaz de modificar el tiempo en todo el mundo: exacerba lluvias, sequías y temperaturas en función de la región. Aunque es un evento cíclico, el problema es la intensidad que podría alcanzar a finales de año y su superposición con el calentamiento de fondo que ya tenemos por la acumulación de gases de efecto invernadero. De desarrollarse en su máxima expresión, «se produciría un aumento sin precedentes de las temperaturas a nivel mundial», asegura a ABC el paleoclimatólogo de la Universidad de Arizona (EE.UU.), Kaustubh Thirumalai, quien también matiza que hay un buen trecho entre El Niño y un Superniño y todavía es demasiado pronto para saber si el fenómeno se producirá en su forma más extrema. «El Niño puede elevar drásticamente las temperaturas globales al transferir calor del océano a la atmósfera. Esta es una de las razones por las que los años con El Niño tienden a ser los más calurosos registrados hasta la fecha», explica a ABC Tom Di Liberto, experto en clima de la organización Climate Central. «Si se forma El Niño este año, lo cual es probable según los pronósticos, se espera que las temperaturas globales sigan una trayectoria similar, con temperaturas muy superiores al promedio durante los últimos meses de 2026 y a lo largo de 2027». Casi no se han registrado episodios extremos de El Niño, en los que el calentamiento de la superficie de esa parte del Pacífico haya escalado por encima de los 2 grados. Ocurrió en 2015-2016 (con una anomalía de +2,6º, la mayor registrada hasta ahora), en 1997-1998 y en 1982-1983. En la temporada 2023-2024 también hubo un episodio fuerte de El Niño: se quedó en 2 grados y contribuyó a que 2024 haya sido el año más cálido registrado hasta la fecha. Por ahora la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA, por sus siglas en inglés) estima que para mayo-julio hay un 61% de probabilidades de que surja El Niño. Para finales de año, la probabilidad sube al 90% y, dentro de ella, existe una ventana del 25% de que sea un Superniño. El profesor de Ciencias Atmosféricas y Ambientales de la Universidad de Albany (Nueva York, EE.UU.) y experto en la materia, Paul Roundy, eleva aún más las cifras. «Sugiero que la probabilidad de que se produzca El Niño de forma generalizada a finales del verano es del 80-90%, la probabilidad de un episodio fuerte es superior al 60%, y estimo que hay aproximadamente un 20% de probabilidad de que el evento sea más intenso que cualquier otro ocurrido en el último siglo», asegura a ABC por correo. «El resultado más probable», dice Roundy, es un calentamiento de «entre +2,5° y +3° para diciembre, pero el evento potencial podría superar los +3º». Hasta ahora nunca se han superado los 2,7 grados. En general, los modelos de predicción tienen ciertas dificultades para pronosticar el fenómeno a estas alturas del año, pero hay señales relevantes. «A favor de un episodio fuerte está el hecho de que la ráfaga de viento del oeste que actualmente se desarrolla sobre el Pacífico occidental es un 50% más fuerte, en términos de tensión del viento, que la de principios de 1997», cuenta Roundy. También está el hecho de que las corrientes oceánicas afectadas en esta zona tienen hasta medio grado más que antes del evento de 1997, explica el experto. Al margen de que el episodio se produzca o no, están por ver los efectos de este Superniño en un planeta que ya se encuentra en torno al grado y medio de calentamiento respecto a la época preindustrial. En 2015 la temperatura global escaló 1,1º, entonces todo un récord, y alimentó una temporada de huracanes sin precedentes en el Pacífico Norte central y una fuerte sequía en el Caribe y Etiopía, entre una larga lista de efectos. En general, El Niño se vincula a graves sequías y calor en Australia, el sur y el centro de África, la India y algunas zonas de Sudamérica. En cambio, en el sur de Estados Unidos, partes de Oriente Medio y el centro-sur de Asia puede dar lugar a fuertes precipitaciones. «Si una región normalmente experimenta precipitaciones superiores a la media durante El Niño, el cambio climático provocado por el ser humano está intensificando esas precipitaciones. Y, por otro lado, si El Niño provoca sequías o precipitaciones inferiores a la media, el cambio climático y el aumento de las temperaturas están agravando aún más esas condiciones de sequía», apunta Di Liberto. Los expertos dan por hecho que la temperatura media del planeta escalará desde finales de este año. «El mayor calentamiento de nuestro planeta se está produciendo claramente por la emisión de gases de efecto invernadero, pero este fenómeno natural de El Niño podría añadirle alguna décima de grado adicional a finales de este año o comienzos del que viene», apunta el portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología, Rubén del Campo, a SMC. «Existe cierta posibilidad de que los próximos 12 meses registren una temperatura superficial global récord», opina Roundy, aunque el experto es, en cierto sentido, optimista. Cree que aunque este año producirá una señal cálida por encima de la tendencia a largo plazo, quizás sea menor que el salto que supuso el episodio de 2023-2024. «Los episodios fuertes de El Niño distribuyen más agua cálida, pero también fortalecen los vientos del oeste de latitudes medias durante la estación fría, lo que lleva a un enfriamiento de latitudes medias (sobre el Pacífico Norte y Sur). Este enfriamiento compensa parte del calentamiento normal asociado a las condiciones cálidas tropicales de los eventos de El Niño intensos», explica. Es decir, habría anomalías frías que compensarían la media global. En España no está claro el efecto que tendrá. Cuanto más lejos del Pacífico, menor es la influencia. Y en Europa también se suma el efecto del Atlántico y del Mediterráneo. Hay estudios que vinculan El Niño con otoños más lluviosos en la Península, pero no hay pruebas de que provoque veranos más calurosos. «Puede ser un verano extremadamente caluroso, se haya desarrollado El Niño o no se haya desarrollado», dice del Campo, a SMC. «Los dos veranos más cálidos que hemos tenido en España hasta ahora, que fueron el de 2022 y el del año pasado, ambos fueron extremadamente cálidos y no hubo fenómeno de El Niño», concluye.

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