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La luz roja del atardecer | Collector
La luz roja del atardecer
La Opinión de Murcia

La luz roja del atardecer

Esopo nació esclavo. Era feo, horrible. Su cabeza parecía una gran monte calvario, deforme, sin pelo, poblada de bultos y llagas. Mudo de nacimiento, nunca se comunicó más allá de gestos y señales. Inútil para los trabajos propios de una ciudad, fue transferido al campo, para cuyas labores era sólo un poco más apto. Su gran inteligencia y su bondad pasaban desapercibidas. Los demás esclavos lo vejaban, le atribuían a él las faltas que ellos cometían. Así eludían los castigos. Parecía inferior a cualquier animal.

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