La Opinión de Murcia
Tuve en mis años de universidad un profesor, culto y bastante alternativo, que me dejó una huella profunda. No siempre, en aquel entonces, entendí sus postulados y actuaciones; pero con los años el poso de sus palabras me ha ido acompañando en mi camino hacia la madurez. Recuerdo especialmente -en unos momentos turbulentos llenos de manifestaciones y protestas estudiantiles- como se posicionó diciendo que la Universidad debía ser el lugar esencial donde se compartiera el saber y la cultura: siempre con las puertas abiertas a todos. Esa idea quedó grabada en mí fuertemente y la he reflexionado en numerosas ocasiones desde entonces. No es nada novedoso ni escandaloso decir que el nivel ha bajado, en líneas generales, en la mayoría de facultades españolas. Palpable es que no siempre son los mejores los que consiguen una plaza de profesor y que entre torpes reformas educativas, la visible endogamia universitaria, y el negocio encubierto en que se han convertido la educación superior, las cosas dejan mucho que desear.
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