Diario CÓRDOBA
La mañana del 14 de febrero de 1996 el catedrático de Historia del derecho y ex presidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente está sentado en su despacho en la Universidad Autónoma de Madrid. Es un día sorprendentemente cálido, dentro de un invierno moderado, y los estudiantes andan por el campus en mangas de camisa. Tomás y Valiente está hablando por teléfono con el profesor Elías Díaz: un socialista ilustrado, como él, al que debemos la profundización en el concepto de Estado de derecho, un eje medular para la puesta en marcha de la Constitución y su proyección vital. Tiene su simbolismo que esté hablando con Elías Díaz, porque Francisco Tomás y Valiente, que ha hecho del concepto de Estado de derecho una forma de estar en la política y la cátedra, ahora va a convertirse en su representación. Hace solamente ocho días, al salir de su despacho en la calle Prim de San Sebastián, ha sido asesinado, en la calle San Martín, el socialista Fernando Múgica, ante los ojos de su hijo José María. Tomás y Valiente tiene siempre abierto su despacho, para que los alumnos sepan que pueden entrar directamente, sin llamar, porque su puerta está abierta para todos. Precisamente por eso cuando entra Jon Bienzobas Arretxe, esa mañana cálida, ya pasadas las once menos cuarto, aunque no reconoce su cara, ni le es familiar, piensa que se trata de un alumno.
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