Diario CÓRDOBA
La poesía es un ente intemporal, voluble, caprichoso e inefable, que viene y va, se estanca, huye y vuelve cuando ella quiere al pecho del amado para inflamarlo de oro y de misterio sin que éste muchas veces lo perciba. No debes nunca ir a buscarla, viene a ti. Para escribir los versos sustanciosos, serenos y memorables de este libro su autora hubo de esperar dos décadas para que le asistiera el resplandor de la inefable y auténtica poesía, esa que llega lenta, muy despacio, como un golpe de brisa en la ventana del corazón. Así la ha recibido y expresado Esperanza Ortega en este libro lleno de aciertos y hallazgos que emocionan como estos versos: «…De dónde vendrá la luz que no me alumbra, / esa que se estremece entre la cera de la vela apagada» (pág. 43). La prodigiosa poeta palentina, ebria de claridades y emociones, convierte este poemario en un manojo de estancias iluminadas por el don de la palabra honda y cristalina que nombra los objetos y los instantes con una sencillez que nos envuelve y nos seduce por su autenticidad: «Mas hoy debemos indagar cómo se llama el pordiosero / que aguarda en un rellano / yacente como un Cristo sin esperanza de resurrección» (pág. 118). La compasión, la delicadeza, el amor, la nostalgia y la ternura son hilos conductores de este libro, ‘Los versos de mi amiga’, donde hallamos la voz de una mujer que ama la vida y mira el mundo, todo lo que le rodea, desde una perspectiva melancólica, alcanzando la luz de aquellos días en que aún nos asistía la pureza y bebíamos en el vaso candeal de la inocencia el amor de los instantes detenidos en una eternidad solemne.
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