ABC
Hay personas e instituciones que trabajan cada día para combatir la imagen y los estereotipos asociados a un barrio deprimido como el de Los Pajaritos . Y el trabajo de base empieza en los más pequeños. Por eso llama la atención que un grupo de alumnos del colegio SAFA Blanca Paloma , ubicado en este barrio de Sevilla, se haya impuesto en una liga andaluza de debate en la que competía con otros 15 colegios de la región. Y lo han hecho apelando a la defensa de su identidad y la lucha contra los estereotipos de un barrio con tantas dificultades. «Ganaron el debate porque lo llevaron a su terreno y pudieron expresarse desde su vivencia, desde su sentimiento. Y la verdad es que fue muy bonito, la gente se emocionó porque como los estereotipos con este tipo de niños está como muy vivo, descubrieron que tenemos chicos maravillosos», asevera Ana Jiménez, profesora del centro y coordinadora del grupo de debate. El tema principal del debate versó sobre la limitación o no de la libertad de expresión, un tema que les permitió dar rienda suelta a lo que ellos viven día a día en su entorno más cercano. «Pudieron denunciar las injusticias sociales y aquello que no les gustaba de su barrio. Esas realidades, como yo digo, que a veces permanecen invisibles y que no saben los demás», señala su profesora. En el centro los alumnos de 3º de la ESO tienen la asignatura de oratoria y debate, que se juntan con los de cuarto para conformar estos equipos de debate que se entrenan tanto en horario lectivo como fuera del mismo. La composición del equipo habla bien de la distribución poblacional del barrio en el que se enmarca el centro. El equipo ganador tiene cinco componentes de cinco nacionalidades distintas. En esta pequeña torre de Babel de las culturas hay un chico de Nigeria, una brasileña, un colombiano, un rumano y una española, que se entienden a la perfección para un destino común. Raquel García es la española del equipo. Su deseo es ser profesora de arte o ilustradora y señala que ganar fue «increíble que ganásemos», y confiesa que participa en esto porque le motiva «sentirnos escuchados». Goodness Usoboh es nigeriano y tiene claro su futuro, «me gustaría ser político», por lo que debatir para él es como entrenar para el futuro. Se muestra «orgulloso de mi familia, desde mis bisabuelos me han transmitido cómo trabajaron y salieron de Nigeria para salir adelante». Sara es brasileña y siente puro orgullo por ganar el debate, su ilusión es convertirse en científica y valora que en su casa se hablen tres idiomas y se luche, aunque hayan tenido que «moverse mucho» para salir adelante. De Colombia procede Juan Pablo , al que le encanta «hablar frente al público» y la cocina, a la par que valora el esfuerzo que está realizando su familia para que estudie y tenga un futuro próspero. Cierra este equipo Florín Meliteanu, rumano que se siente del barrio y al que defiende cada vez que puede. Reconoce que «no sonreí» cuando ganaron porque «no me lo creía». Aspira a ser policía nacional y su familia busca que saque buenas notas para que pueda lograrlo. «Estos niños hablaron de limitar el uso irresponsable de la libertad de expresión porque, claro, abanderando esa libertad de expresión entienden que muchas veces se incurre en reforzar los prejuicios y los estereotipos de un entorno como el suyo, que tiene una gran diversidad cultural», explica Ana Jiménez. Ser un niño de Los Pajaritos no es sencillo. El entorno es más complejo que en otros barrios y, sobre todo, allí se lucha contra la fama. «Ellos están muy limitados por su código postal, es decir, el tema de un niño sea de Los Pajaritos está visto como un estigma que ellos llevan y que además ellos mismos notan», sentenció. Sin embargo, esta profesora lucha desde su parcela por pulir y hacer brillar a estos chicos y «abrir un horizonte de futuro, porque a veces la falta de recursos no les deja avanzar más allá, se le cierran puertas». Trabajar en un barrio en el que viven familias con tantas dificultades es complicado. De ello saben bien en el SAFA Blanca Paloma. «Muchas veces falta lo básico , tener para un simple material escolar. Eso lo vivimos en el día a día. Incluso algún chaval que viene sin desayuno, porque es que no puede. Nosotros desde el centro intentamos aportar todo este tipo de recursos porque tenemos el comedor escolar, que está becado, tenemos lo que es el aula matinal con la Asociación Gota de Leche, que vienen a dar los desayunos por la mañana a aquellos chavales que no tienen recursos… Nuestra trabajadora social también intenta facilitarles un poco la vida», apunta Ana Jiménez.
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