Vanguardia
Mis hijas e hijo todavía son chicos. Ninguno ha escrito un ensayo universitario ni ha abierto el chat a las tres de la mañana para preguntarle cómo se llama lo que está sintiendo. Pero esta semana, cuando leí los datos, entendí que el mundo en el que van a crecer ya está escribiéndose sin ellas y sin él.
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