La Jornada
La política, como la vida, tiene giros inesperados. Por eso nos gusta. Por ejemplo, ¿quién nos iba a decir que nos íbamos a alegrar de la victoria de un candidato conservador en un país europeo? Tan atrás habíamos ido, que aquí estamos ahora mismo, celebrando la victoria de Péter Magyar en Hungría. Sí, celebrándola. Ya nos han recordado que es muy de derechas, que odia a los migrantes e, ideológicamente, lo separa un suspiro de Viktor Orbán. Ok.
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