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Andrea y David, un matrimonio a prueba de crisis: "La terapia fue una vía libre para decirnos de todo. Se rompieron todos los puentes. Rezaron por mi, lloré y empecé a sanar" | Collector
Andrea y David, un matrimonio a prueba de crisis:
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Andrea y David, un matrimonio a prueba de crisis: "La terapia fue una vía libre para decirnos de todo. Se rompieron todos los puentes. Rezaron por mi, lloré y empecé a sanar"

A pesar de los profundos cambios sociales de las últimas décadas, la familia sigue siendo uno de los pilares más sólidos sobre los que se sostiene la sociedad. En un contexto que crece la soledad, el individualismo y la fragilidad de los vínculos, la familia cristiana está llamada a ser un lugar de encuentro y de esperanza, donde se aprenden los valores más importante. El matrimonio supone una base fundamental sobre la que se asienta la familia. No es un camino exento de dificultades, porque también atraviesa desafíos y crisis. Que se lo pregunten a Andrea y David, casados hace 25 años en Argentina. Hoy residen en Rivas-Vaciamadrid junto a Chiara, una de sus dos hijas. La vida siempre ha puesto a prueba a David y Andrea, como ha explicado Chiara en 'Solidarios por un bien común': “La vida no se lo ha puesto fácil pero siempre persistieron y apostaron por la familia y el amor. Son migrantes, todo estaba en nuestra contra pero están juntos y algo que nos repite mis padre es que somos cuatro, y somos una piña que podemos con todo”, ha comentado. El matrimonio se conoció en 1995 en Argentina, durante su etapa universitaria: “Nos caímos bien como compañeros, me acuerdo que llamó a mi casa y mi madre decía que tenía una voz agradable. Yo me acuerdo que dije que este chico cree en la familia porque tenía valores fuertes familiares, deseaba tener una familia y me gustó”, revela Andrea. “Siempre tuve claro de casarme, tener hijos y formar una familia”, secunda David, que recuerda los inicios complicados en España: “Tuvimos momentos muy duros, una crisis muy fuerte en la que estuvimos a punto de separarnos, vivimos en el mismo techo pero separados”. El trabajo, como tantas parejas, acabó por erosionar el matrimonio: “Entré en un torbellino de horas de trabajo, primero con mi negocio propio durante cuatro años, luego estuve de informático cinco años trabajando doce horas diarias... Crees que eres capaz de todo y en esos casi nueve años se rompieron todos los puentes”, reconoce David. Andrea recrea aquella etapa oscura del matrimonio: “No hablábamos, parecíamos separados, yo iba sola con las dos niñas a todos sitios. Me dijo que se quería separar y fue el derrumbe. Sabia que estábamos mal, pero no que estaba decidido a separarse”. Chiara recuerda con amargura esos años de crisis matrimonial de sus padres. De hecho, se posicionó a favor de él: “Mi padre ha sido mi mejor amigo, y no entendía por qué mi madre decía que mi padre era el culpable, no pude empatizar con la situación de mi madre. Con el tiempo me di cuenta que ella estaba herida en ese momento y no podía ejercer del todo como una madre perfecta, porque estaba destrozada”. Para salvar el matrimonio, iniciaron una terapia individual y de pareja, donde ambos se echaron demasiadas cosas en cara: “Fue vía libre para decirnos de todo y no había forma de mirarnos. Fui a la iglesia, a hablar con sacerdotes, tenía un director espiritual que me apuntó a una revista llamada 'Misión', y en una doble página aparece la frase 'Redescubrir', pero tienen que querer los dos, y mi marido era ateo”, relata Andrea. Desde aquel momento, David vivió un proceso de conversión para acercarse a Dios. “Fuimos a charlas de matrimonios y nos impactó porque los matrimonios que nos dieron charlas estaban igual o peor que nosotros. Hablamos de cosas que nos hizo recuperar el oxígeno que dejamos en Buenos Aires. Sentimos que teníamos esperanza”. Andrea no puede olvidar el domingo en el que su marido hizo los tres sacramentos de iniciación cristiana (Bautismo, Comunión y Confirmación). Un momento que sus hijas llevaban esperando desde que eran pequeñas. “No podían parar de llorar porque las dos desde chicas pedían a Dios que su padre creyera y tuviera fe. Recuerdo ese domingo de una alegría profunda porque el Señor escuchaba sus oraciones, para ellas es importante compartir la fe con su padre. No entendían por qué su padre no creía”. Chiara ha extraído varias enseñanzas muy válidas sobre el proceso que han vivido sus padres: “Creo que muchas veces los humanos tendemos al 'yo puedo con todo, puedo sola, no pasa nada'... Me di cuenta de que no, de que hay que confiar en los planes de Dios”. Para finalizar, David ha dado un válido consejo a los matrimonios en crisis: “Que busquen al Señor, y si no creen, que busquen ayuda en comunidades de matrimonios sanados”. Jesús y Marta es una pareja de jóvenes a punto de contraer matrimonio. Pertenecen a 'Talita', una misión de jóvenes comprometidos con los más vulnerables como presos, enfermos o personas en situación de calle. Marta acude con regularidad a hacer compañía a Carmen, una señora de 104 años: “Marta es un angelito caído del cielo, me hace mucha compañía, los dos, ella y su novio”. En este sentido, Carmen les ha dado un consejo para vivir un matrimonio fructífero: “Que tengan mucha confianza el uno con el otro, es lo más importante. Que no tengan vergüenza de hablar de lo que sea, pero de verdad, de corazón. Que puedan hablar de todo, que puedan discutir de todo, que no están de acuerdo en todo, que lo comenten pero sin enfadarse y con la sonrisa en la cara”. Por su parte Jesús acompaña con regularidad a Pablo, una persona sin hogar: “Yo estaba en situación de calle en los bancos de la plaza de Tribunal (Madrid), y hubo una conexión interesante, fue fácil generar un vinculo de confianza con él, que en situación de calle es difícil. Llevo cuatro años en la calle. Soy de Uruguay, llevo veinte años. Los recursos se acabaron. Nunca había pasado tanto miedo en mi vida, pero ha fortalecido. Lo más duro es la tristeza, la soledad, el estigma”, sostiene.

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