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Otra tarde de toros | Collector
Otra tarde de toros
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Otra tarde de toros

A calderadas nos han servido estos días los plumillas ripios generosos dedicados a la última faena del estilista de la Puebla en la Maestranza, en este abril tan seco y amojamado, tan poco abrileño que parece que nos lo hubieran hurtado del 'candelario', como dice Sabina en su canción. Y así le pintaron bajando del monte Sinaí con las tablas de la ley para alborozo de la afición insurgente y jaranera, que siempre anda mendigando una tarde de gloria con la que reverdecer los laureles de todas las Españas taurómacas. Dios me libre de restarle méritos al maestro, del que pienso que no se retirará del todo hasta que alguien le cante desde el Palco del Arte con el mismo sentimiento con que Rancapino le cantó al Faraón de Camas, pero creo que es de taurino pobre el conformarse con las filigranas, las estampas de figura añeja y sus verónicas como agujeros de gusano a donde entra el animal para perderse en el infinito. Y ya hubiera sacado al redondel un tresillo y ponerse a ensartar naturales y a hacer de su paño colorado una teología esdrújula de alamares anchos, como dice Chapu, que pinchando en hueso no hay tutía ni legión que pueda atravesar la Puerta del Príncipe sin la venía de los que tienen mando en plaza. A buen seguro que si José Antonio persiste en su misterio y pone el ojo en la bala –que digo mejor en la acerada punta del estoque– no solo acabarán rendidos a sus manoletinas el vulgo y la masa, sino también los puristas, esos a los que muchos achacan la crisis de la Fiesta, esos que nunca están contentos y que, esperando la resurrección de Frascuelo, no dejan de arrojar cubos de agua fría a las ardientes llamas del triunfalismo. José Juan González García. Oviedo (Asturias) Los que lo vieron dicen que Férenc Puskas ha sido el mejor jugador húngaro que jugó en España, con unos tiros a puerta que le bautizaron como 'Cañoncito' Puskas. Pero lo del mítico jugador de futbol del Real Madrid fue superado el pasado domingo por el pueblo húngaro. El pueblo húngaro le ha pegado un cañonazo a los partidos de izquierda de tal calibre que, literalmente, los ha eliminado del mapa. Los partidos de las izquierdas de Hungría no han obtenido ni un solo escaño. Se dice pronto: la izquierda ha desaparecido del Parlamento y el doctor Pedro Sánchez lo celebra. Viendo lo que pasa en el mundo, los electores de Hungría han dado una lección a la Unión Europea, optando por la vuelta al respeto de las instituciones democráticas, las cuales, con sus defectos, garantizan la prosperidad de los pueblos. Más importantes que la caída de Viktor Orbán es, en mi opinión, el cañonazo a lo Puskas que han recibido las izquierdas, sin un solo escaño. ¿Se imaginan que en España sucediese algo igual? José Luis Gardón. Madrid

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