Faro de Vigo
Chorretones de disolventes o aceites escapando de naves industriales, restos de purines filtrándose desde explotaciones ganaderas, corrientes de espuma provocadas por detergentes y otros productos de limpieza, aguas residuales sin depurar que bajan por los ríos hasta morir en el mar. Esa fue la estampa que durante años arrastraron las aguas gallegas. Pero ese mapa de vertidos en los ríos, las dársenas o las playas, con continuas alertas, ha empezado a cambiar. Los datos de Augas de Galicia, organismo dependiente de la Consellería de Medio Ambiente, muestran que en los últimos cinco años los expedientes sancionadores abiertos por vertidos ilegales o tóxicos en el conjunto del dominio público hidráulico y marítimo-terrestre se han desplomado un 60%, pasando de 274 casos resueltos en 2020 a 111 en 2025. Detrás de esta caída están las campañas de inspección, el control de los puntos de descarga autorizados, el endurecimiento de las sanciones y una mayor concienciación.
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